Cuando surgió la oportunidad de escapar, la aproveché sin pensar en las consecuencias, como tener que huir de mi familia, que siempre lograba localizar mis escondites.
Probablemente fue solo mala suerte, pero encontrarme con él bajo la lluvia fue, a la vez, lo mejor y lo peor que me pudo haber pasado. El amor no avisa; simplemente llega. Y cuando lo hace, lo mejor que puedes hacer es resignarte a tu destino... o, al menos, intentarlo sin perder el control de tu vida.