Hombre de manos calladas y silencios profundos, que guardas el amor como quien esconde fuego en los pulmones,
escucha esto:
No te han amado como mereces.
Te dijeron que el amor duele,
que amar es "aguantar",
que los hombres no lloran,
que el corazón es un lujo y que
y tú solo eres un proveedor de paredes firmes.
Pero yo vengo a decirte
que tu pecho también tiene derecho a latir fuerte,
que tus lágrimas no son derrota,
sino raíces que buscan el sol.
Te han querido a medias,
como quien pide un café
pero no se bebe el último sorbo.
Te han usado de refugio,
pero nadie ha sido tempestad por ti.
Hoy rompo ese pacto de silencio:
Tú también mereces que te despierten con besos,
que te escriban poemas en el espejo del baño,
que te recuerden lo fuerte que eres
cuando el mundo te hace sentir frágil.
Mereces una mujer
que no tema tu ternura,
que no confunda tu paciencia con debilidad,
que entienda que hasta los acantilados
necesitan que el mar los abrace.
Y cuando llegue,
—porque llegará—
no te escondas.
Abre las compuertas de ese corazón
que han intentado convencerte
que no existe.
Amar no te hace menos hombre.
Te hace Eterno.
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Editado: 24.06.2026