Te juré que no miraría,
pero mis ojos son faros
que aún te buscan en la niebla.
Dijiste "nada dura para siempre",
y yo-tonta-creí
que eras la excepción.
Ahora mis dedos escriben
las cartas que nunca enviaré,
porque tú ya navegas
en otro mar,
con otra sirena
que te canta "stay"
con voz de algodón dulce.
Yo soy la orilla abandonada,
la que guarda tus huellas mojadas,
la que aún sabe
que tu salinidad
era mentira.
¿Recuerdas cuando decías
que éramos "profundidad"?
Pues aquí estoy:
un abismo con forma de mujer,
ahogándome en la parte menos honda
de tu olvido.
Y lo peor
no es que te hayas ido,
sino ver cómo mis olas
-aún hoy-
te nombran en cada choque
contra las rocas.
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Editado: 24.06.2026