Te busqué en los lugares equivocados:
en la química de tus pupilas dilatadas,
en la física de tus manos sobre mi cintura,
en la biología de tu saliva con sabor a menta.
Creí que el amor era una fórmula:
X (miradas) + Y (caricias) = Z (eternidades).
Pero tú solo fuiste un experimento fallido,
un laboratorio de promesas sin reactivos,
un "casi" que manchó mi bata de poeta.
Ahora sé que el misterio no era tú,
sino yo:
la que olvidó que el corazón no es un frasco de cristal,
sino un animal salvaje que elige morder justo donde más duele.
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Editado: 24.06.2026