Descubrí tu infidelidad
en el sabor a menta de tu boca
—yo que te regalé un cepillo de dientes
para nuestra casa—
Lo supe cuando me abrazaste
y tu piel olía a perfume barato
—ese que nunca usaste para mí—
Lo confirmé cuando encontré
su horóscopo en tu bolsillo
—el mismo que yo leía en voz alta
mientras cocinabas promesas—
Y lo entendí del todo
cuando te vi llorar de culpa
y por primera vez
tus lágrimas
me dieron asco.
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Editado: 24.06.2026