El aroma dibuja fantasmas en la cocina:
tú, despeinado y con sueño,
robando sorbos a mi taza
antes de que el mundo despierte.
El primer sorbo
—siempre el mejor—
sabe a promesas tibias
y a besos con retrogusto
a canela.
Hoy tomo sola
lo que antes compartíamos,
pero el vapor sigue escribiendo
tu nombre en el aire,
letras translúcidas
que se desvanecen
con la luz.
Y aunque sé
que el café se enfría,
que los granos se terminan,
que las tazas pierden el calor...
sigo preparando dos,
por si acaso el destino
tiene resaca
y necesita un poco
de nuestra antigua
magia negra.
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Editado: 24.06.2026