Esto no es un Libro de Poesía (o Sí)

Física Aplicada al Desastre

Tú y yo fuimos una ecuación en la cama:
mi piel + tus manos = universo en colapso.

Había algo de ciencia en cómo
mis caderas encontraban el ritmo exacto
para desordenar las sábanas
y las leyes de la termodinámica.

—Primera ley:
La energía no se crea ni se destruye,
solo se transforma en sudor,
en gemidos atrapados entre almohadas,
en ese "no te vayas" susurrado
contra tu espalda cuando el amanecer nos pesaba.

—Segunda ley:
El caos siempre aumenta.
Lo comprobamos cuando empezamos
a usar los besos como armas
y el sexo se volvió
un intento desesperado
de pegar los pedazos
con la fuerza bruta de los muslos.

—Tercera ley:
A cada acción, una reacción igual y opuesta.
Por cada vez que me empujaste contra el muro,
hubo un corazón que retrocedió.
Por cada mordida que dejaste en mis hombros,
salió un "te quiero" menos sincero.

Ahora,
años después,
resuelvo el problema final:
¿Cómo dos cuerpos que encajaron tan bien
dejaron tantos huecos al separarse?

Respuesta:
El sexo fue nuestro mejor truco de magia.
Logramos que por 20 minutos
el amor pareciera real
solo porque supimos
frotar bien las ilusiones.




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