Quise creer
que tu amor entraría en mí
como el humo del cigarrillo:
lento,
adictivo,
quemando todo a su paso.
Pero solo fue
un beso de después,
ese que se da
cuando ya no hay prisa
porque el fuego se apagó
y las cenizas
—tibias y tristes—
son lo único
que queda entre nosotros.
Dime que esto es amor
(y mentiré contigo),
dime que es real
(y fingiré demencia),
pero no me pidas
que olvide
que tu boca sabe
a despedida
disfrazada de "siénteme".
Porque aquí,
en este limbo de sábanas frías,
ya no sé si lo dulce
era tu lengua
o la mentira
que nos contábamos
mientras el reloj
nos devoraba vivos.
Posdata: Porque los mejores besos
no son los que se dan...
sino los que se deben
y nunca llegan.
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Editado: 24.06.2026