El café huele a las 5 AM
y el cigarrillo sabe a culpa
—esa que solo existe
cuando los cuerpos se enfrían
y la razón vuelve a sentarse en la cama
a fumar nuestros errores.
Tus labios aún huelen a mi sexo,
pero ya no me miras.
Prefieres la brasa del Marlboro
al incendio que hace diez minutos
nos quemaba las entrañas.
"¿Azúcar?", preguntas,
como si el dulce pudiera quitarle el regusto a muerte a este instante que ya empieza a pudrirse en los bordes.
Y yo,
que debería vestirme,
que debería inventar una sonrisa,
que debería decir " no pasa nada",
me quedo mirando cómo el humo
dibuja fantasmas en el techo
—los mismos que dentro de una hora
habrán desaparecido
junto con tu número en mi teléfono.
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Editado: 24.06.2026