Te perdí en la multitud,
pero te encuentro en cada herida.
Te he amado con furia de huracán,
te he maldecido con saliva bendita,
y en el fondo—sabes—
llevas un demonio de alas rotas
que me arrastra contigo
hacia el mismo abismo.
Cada amanecer juras redención,
pero tu boca sabe a mentira fresca
y tus manos—adictas—
vuelven a dibujar mi nombre
en las paredes del infierno.
Porque somos iguales:
dos fantasmas bebiendo veneno
del mismo vaso roto,
dos estrellas cayendo en un cielo que nunca nos quiso.
Te di constelaciones en pastillas,
un universo en polvo blanco,
pero ahora tu mente es un desierto sin oasis,
y yo—tonta—
soy la arena que te ciega.
Todo lo que siento por ti
solo podría decirlo con cicatrices,
con noches que no terminan,
con un "te amo" que suena a bala atravesando el pecho.
Posdata : Porque los ángeles negros
no caen del cielo...
los creamos nosotros al mezclar lágrimas con pólvora.
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Editado: 24.06.2026