No son las grandes promesas,
ni el eco de palabras perfectas,
sino tus pequeños gestos
los que habitan en mi alma.
Es el café que me preparas
cuando el mundo amanece gris,
es tu risa en la madrugada,
tu paciencia cuando callo,
tu manera de cubrirme
cuando el frío se cuela en la noche.
Son las flores que no espero,
el mensaje sin motivo,
la mirada que me guardas
cuando crees que no te veo.
Son las cicatrices que conoces,
las canciones que tarareas
mientras cocinas despacio,
el silencio que no pesa
porque lo llenas con tu luz.
No hacen falta juramentos,
ni palabras de película,
basta el roce de tu mano,
el refugio de tu pecho,
el amor que se construye
en lo simple, en lo diario,
en esos detalles tuyos
que son mi mapa y mi estrella.
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Editado: 24.06.2026