Ahí estamos los dos,
enmarcados en un instante robado al tiempo:
el todo terreno cargado de cajas,
el polvo del camino en mis sandalias,
y tus manos sosteniendo un mueble
que nunca llegamos a usar.
Parecemos felices:
yo sonrío abrazando un cojín,
como si llevara entre brazos
el futuro entero.
Pero tú...
Tus ojos—Dios, tus ojos—
miran más allá de la cámara,
más allá de mí,
más allá de aquella casa
que nunca fue hogar.
Se notaba en la curva forzada de tu boca,
en la manera en que tu cuerpo
—aunque a mi lado—
ya había empezado a irse.
El sol de la tarde nos doraba la piel,
pero a ti te veo gris,
como si en ese mismo instante
la mudanza no fuera hacia un sueño,
sino hacia el final.
Y ahora, meses después,
miro esa foto y pregunto:
¿Cuándo exactamente
—entre cajas y promesas—
se nos rompió el amor?
Porque ahí estábamos los dos,
fingiendo un para siempre
que ya se estaba desarmando,
como esos muebles de segunda mano
que nunca encajaron en nuestra historia.
[ Posdata: Las casas nuevas
también tienen paredes
para llorar a escondidas ]
#1505 en Otros
#268 en Relatos cortos
poesía. amor. romance. desamor, poesia y algo mas, poesía y versos
Editado: 24.06.2026