Este cajón que nunca cerré del todo,
que dejé entreabierto como herida mal curada,
guarda los restos de un naufragio íntimo:
— Tres botones de tu camisa favorita
(esa que te quité con los dientes aquella vez)
— Un boleto de tren hacia ninguna parte
(fechado el día que dijiste "esto ya no funciona")
— La sombra de tu perfume
(que se niega a evaporarse)
Aquí yacen los "te quiero" no dichos,
los abrazos interrumpidos,
las lágrimas que bebí de tu ombligo
cuando aún creía que tu piel era mi religión.
El cajón cruje de noche,
escupiendo pedazos de nosotros:
tu risa en mi hombro,
mis uñas en tu espalda,
ese gemido que se quedó
atrapado entre las tablas.
¿Por qué no lo cierro?
Porque algo en mí sigue esperando
que regreses a buscar
lo que nunca te llevaste:
el corazón que dejaste caer
entre calcetines rotos
y promesas sin estrenar.
[ Advertencia: Contiene esquinas filosas y un amor que aún sangra
cuando la luna está alta. ]
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Editado: 24.06.2026