Estrellas en el aire

Capitulo 2

El amanecer se colaba entre las cortinas de mi habitación, dibujando rayos de luz sobre el suelo de madera pulida. Me incorporé lentamente, sintiendo cómo el peso de la rutina de princesa comenzaba a caer sobre mis hombros antes de que siquiera tuviera tiempo de pensar. Otro día de lecciones interminables, de enseñanzas que me hacían sentir más una muñeca decorativa que la heredera de Arcelia que algún día sería.

Decidí no levantarme de inmediato. Me recosté, con los brazos extendidos sobre la cama, y observé cómo el sol iluminaba la estancia. El murmullo del viento entre los árboles del jardín se colaba por la ventana abierta, y por un momento, imaginé que estaba lejos de aquí, en un lugar donde las responsabilidades no existían y podía decidir mi propio destino.

-Victoria, ¡ya es hora! -la voz de la institutriz Ophelia resonó desde el pasillo-. No podemos esperar a que su Majestad pierda la paciencia otra vez.

Suspiré y rodé los ojos. Ophelia siempre estaba allí, vigilante, con esa mezcla de severidad y cariño que me hacía querer y odiar su presencia al mismo tiempo. Me incorporé, me vestí rápidamente y bajé las escaleras, sabiendo que cada paso me acercaba a otra lección de protocolo, historia y estrategia que realmente no tenía ganas de escuchar.

Al llegar al gran salón de lecciones, mis ojos se encontraron con la mesa donde me esperaban los mapas de Arcelia y de los reinos vecinos. Las fronteras del valle central, fértil y generoso, destacaban sobre el papel con un verde intenso. Siempre me impresionó cómo la diplomacia de mi reino dependía de estas líneas dibujadas, de decisiones tomadas por hombres y mujeres que, aunque sabios, a veces parecían olvidar que detrás de cada territorio había vidas reales.

Mientras observaba los mapas, mi mirada se desvió hacia la ventana del salón. Allí, en los jardines del castillo, un grupo de aprendices de la milicia entrenaba bajo la supervisión de algunos capitanes. Me llamó la atención un joven soldado de cabello oscuro y ojos intensos que parecía observar más que practicar. Me pregunté si sería uno de los hijos de algún comandante, o quizá solo un muchacho curioso que aún no había encontrado su lugar en la disciplina militar.

-Victoria, ¿está concentrada? -Ophelia me interrumpió, sacándome de mis pensamientos-. Recuerde que cada lección que ignora hoy será un obstáculo mañana.

Asentí, aunque mi mente aún estaba entre los árboles y los sonidos del entrenamiento. Mi corazón latía con una mezcla de curiosidad y algo que no podía definir del todo. Sentí un impulso de salir, de acercarme a esos jóvenes, de ver el mundo más allá de las paredes de este salón... pero me contuve.

-El día de hoy vamos a repasar la geopolítica vista anteriormente. Es de suma importancia que comprenda estos asuntos -me mira cansada apesar de ser muy temprano-. Victoria, comprendo que estar aquí no es su deseo, que es un destino impuesto, se que no es fácil, pero hay personas que dependerán de usted en un futuro. Si un rey cae, todo su reino lo hará también. Tiene que aprender a equilibrar los deseos con el deber, a veces hay que colocar a los demás por encima de uno mismo.

-Lo comprendo, Ophelia, pido disculpas por mis actitudes. Pero también necesito que me comprendan -busco algo en su mirada-. Estas cargas no son lo que deseo, se que es un asunto que debo cambiar, pero se me dificulta.

El nudo en la garganta se intensifica, asumir responsabilidades y pensar en el futuro es algo que trato de ignorar. Se que cuando llegue el momento y no esté correctamente preparada será mi culpa, así como también que es mi deber esforzarme más.

-Solo quiero lo mejor para usted y el reino. Es el deseo de muchas personas.

-Gracias, Ophelia.

Cortamos la charla para seguir con los repasos, todo esto lleva un par de horas.

Una sirvienta entra a la sala enviada por el consejo, al parecer necesitan una reunión con la institutriz. Ella se levanta prometiendo regresar lo más antes posible. Sale de la sala con evidente preocupación mal disimulada.

También necesito un respiro después de tanta información. Así que hago lo que mejor o peor se hacer, escabullirme.

Mis pasos eran silenciosos mientras me escabullía por una puerta lateral del salón de lecciones. El sol ya iluminaba los jardines del castillo, y el aire fresco me hizo sentir un alivio inmediato. Allí estaban, los aprendices de la milicia, practicando con espadas y escudos bajo la mirada atenta de los capitanes. Mis ojos no tardaron en encontrar a Valerie, quien parecía dirigir a algunos de los más jóvenes mientras se movía con facilidad entre ellos, demostrando su naturalidad y energía.

Me recosté detrás de un seto y observé por un momento, sonriendo al ver cómo su risa iluminaba incluso la severidad de los soldados. Fue entonces cuando sentí una mirada fija sobre mí. Volteé y encontré los ojos de un joven soldado que claramente me había estado observando desde hace un rato. Su cabello oscuro estaba ligeramente despeinado, y sus ojos grises brillaban con curiosidad y una chispa de interés que no podía ocultar.

-Disculpa... -dijo, caminando hacia mí con cautela-. No quería interrumpir, pero te he visto observando todo esto desde allí... ¿esa es Valerie?

-Sí, es ella -respondí con una sonrisa traviesa y con la felicidad de que no sabe que soy la princesa y no deberia dirigirse de esa manera hacia mí o realmente lo ignora porque no le interesa que lo sea considerandome una más del monton-. La conoces, ¿verdad?

-Bueno... no realmente -confesó, rascándose la nuca con nerviosismo-. Solo he oído que es la hija de la jefa de cocina y del capitán Lowell... y parece que todos hablan de su talento y energía.

-Es cierto -asentí, con un destello de picardía en mis ojos-. Pero si quieres acercarte a ella, tendrás que ganarte su atención. No es fácil, ¿sabes?

-¿Y tú cómo sabes eso? -preguntó, con una ceja arqueada, pero sin dejar de mirarme-. ¿La conoces bien?




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