El sol apenas comenzaba a asomarse por las ventanas del castillo, pero ya podía sentir la agitación en el aire. Hoy no había lecciones, pero mi agenda estaba llena de otra manera: la preparación para el baile de máscaras que se celebraría en Cambell.
—Victoria, querida, hoy no hay excusas —dijo mi madre mientras entraba a mi habitación, con su habitual porte elegante pero cálido—. Este es tu primer encuentro real con tantos herederos de los reinos vecinos, y quiero que estés lista, preparada y segura de ti misma.
Asentí, aunque un nudo se formaba en mi estómago. Me gustaba que me apoyara, pero la presión del evento era enorme.
No pasó mucho tiempo antes de que Madame Ophelia y Elowen entraran, trayendo consigo una energía distinta, casi efervescente.
—Buenos días, princesa —dijeron al unísono.
-Hoy aprenderás más que simplemente vestirte, practicaremos cómo presentarte, cómo conversar y cómo mantener la compostura frente a otros herederos.-dice Elowen.
Mientras ellas hablaban, un par de diseñadores entraron con telas de colores delicados, bordados intrincados y vestidos que parecían sacados de un cuadro.
—Este es el primero —dijo uno, desplegando un vestido azul con incrustaciones plateadas—. Perfecto para alguien de tu posición, elegante pero sin exagerar.
—Y este otro, en tonos cremas y dorados —añadió el segundo diseñador—, resalta la gracia natural y combina con los colores de Arcelia, tu reino.
Valerie estaba a mi lado, observando cada detalle con atención. Su opinión era importante, no solo porque éramos amigas, sino porque me ayudaría a elegir lo que realmente me representaba y lo que me permitiría moverme con libertad durante la noche.
—Victoria —dijo Valerie en voz baja—, creo que el azul te hará ver más segura, mientras que el crema es más delicado. Yo votaría por el azul, aunque... elige lo que te haga sentir cómoda.
Amelia intervino suavemente, colocando una mano sobre mi hombro:
—Confío en tu juicio, cariño, pero recuerda que tu presencia debe reflejar no solo belleza, sino autoridad y confianza. No subestimes el poder de la primera impresión.
—Sí, mamá —susurré—. Entiendo.
Mis institutrices Ophelia y Elowen comenzaron a darme pequeñas lecciones mientras probaba los vestidos: cómo inclinarme al saludar, cómo mantener una postura erguida sin parecer rígida, frases cortas que demostraran conocimiento de cada reino vecino, e incluso pequeños datos históricos o económicos de Arcelia y los demás reinos.
Mientras absorbía cada dato, Valerie me ayudaba a recordar, haciendo preguntas y corrigiéndome suavemente cuando me equivocaba. Mamá también intervenía, contando anécdotas y consejos prácticos:
—No olvides, Victoria, que la diplomacia no es solo hablar bien, sino observar, escuchar y responder con precisión. Una palabra mal colocada puede generar tensiones innecesarias.
Finalmente, tras varias horas de ensayo y prueba de vestidos, me encontré frente a un espejo enorme. Me sentí pequeña ante la responsabilidad, pero también un poco poderosa. Había practicado cada gesto, cada palabra, cada sonrisa... y aunque aún sentía miedo, había algo en mí que quería enfrentar ese baile con fuerza y determinación.
Valerie me tomó de la mano y sonrió.
—Lo harás increíble, Victoria. No puedo esperar a ver cómo manejas todo esto.
—Gracias... no sé qué haría sin ti —susurré, sintiendo cómo el apoyo de mi amiga y de mi madre me daba un poco de valor extra.
Amelia se inclinó hacia mí y acarició mi mejilla:
—Recuerda, mi niña: no eres solo la hija del rey Erick, eres la representante de Arcelia. Mantente firme, observa y aprende. Confío en ti.
Mientras ella hablaba, sentí que todo lo que había practicado y aprendido durante años comenzaba a tener sentido. El baile de máscaras no sería solo un evento social... sería el primer verdadero desafío de mi vida como futura reina.
👑👑👑
Al día siguiente, el sol aún no se había alzado por completo cuando el bullicio en el patio del castillo comenzó. Carros, caballos y soldados se preparaban para escoltarnos hacia Cambell. Hoy era el día en que Valerie y yo dejaríamos Arcelia, aunque por unos días; el viaje sería largo, y la responsabilidad que caía sobre mis hombros me hacía sentir una mezcla de emoción y nerviosismo.
Mamá estaba a mi lado, con su porte siempre elegante y calmado, pero podía notar la tensión en su mirada. Papá, por su parte, parecía aún más serio que de costumbre; su preocupación por mi seguridad era palpable. Alaric estaba allí también, con su habitual serenidad, organizando detalles de la escolta y asegurándose de que cada soldado supiera su lugar.
—Victoria —dijo mi madre suavemente, tomándome la mano—. Sé que esto no es fácil, pero confío en que actuarás con prudencia y firmeza. Recuerda todo lo que aprendiste estos días, y sobre todo, mantén tu dignidad y tu juicio.
Asentí, intentando absorber cada palabra.
Valerie estaba a mi lado, con los ojos brillantes por la emoción, aunque sabía que también sentía algo de miedo. Su madre, Liora, se acercó para darnos unos pequeños paquetes con alimentos y provisiones para el viaje.
—Cuídense mucho —dijo sonriendo—. Y Valerie, asegúrate de que nuestra princesa esté bien alimentada y no se meta en problemas.
—Lo prometo, madre —respondió Valerie, con un guiño cómplice hacia mí.
El momento de despedida se volvió más emotivo cuando papá se inclinó y me abrazó con fuerza.
—Recuerda, Victoria —susurró—, estamos todos contigo. No olvides lo que significa Arcelia, ni lo que representa nuestra familia.
Mamá me abrazó luego, apretándome contra su pecho.
—Cuida de ti misma, y de tu amiga. Y recuerda que siempre puedes contar con nosotros, mi niña.
Alaric me dio un suave golpe en el hombro, con su sonrisa habitual.
—No te preocupes demasiado, princesa. Todo está bajo control. Solo mantén la cabeza fría.