Estrellas en el aire

Capítulo 20

La tensión no disminuía.

Era como si el aire mismo dentro del palacio de Cambell se hubiera vuelto más denso, más difícil de respirar. Cada pasillo, cada puerta cerrada, cada conversación interrumpida cuando alguien pasaba cerca... todo parecía esconder una verdad que nadie estaba dispuesto a pronunciar en voz alta.

Y yo empezaba a verla.

A entenderla.

A sentir su peso.

Desde que había llegado a Cambell, cada respuesta parecía abrir la puerta a una nueva pregunta. Descubrí traiciones familiares, pactos ocultos, ambiciones que llevaban años gestándose en las sombras... y comprendí que mantener la paz sería mucho más difícil de lo que había imaginado.

Aquella mañana decidí no acudir inmediatamente a la sala de negociaciones.
Necesitaba unos minutos para ordenar mis pensamientos antes de enfrentar otra jornada de medias verdades.

—Lavinia —la llamé apenas cruzó la puerta de mi habitación.

Se detuvo de inmediato.

Como siempre, impecable.

Como siempre, serena.

Pero ya no podía verla únicamente como mi dama de compañía.

Nunca lo había sido.

No realmente.

—¿Sí, princesa?

La observé durante unos segundos.

Había algo en ella que había empezado a notar desde nuestra llegada a Cambell. Algo que antes me había pasado desapercibido.

—¿Confías en mí? —pregunté.

La sorpresa cruzó fugazmente por su rostro antes de desaparecer.

—Mi lealtad siempre será hacia usted. —No era exactamente la respuesta que esperaba. Y, sin embargo... me pareció mucho más sincera que un simple "sí".

Di un paso hacia ella.

—Entonces necesito que seas completamente honesta conmigo. —Respiré hondo— ¿Qué está ocurriendo realmente en este palacio?

Su expresión cambió apenas.

Lo suficiente para confirmar que sabía más de lo que decía.

—Más de lo que deberían permitirle descubrir.

Una sonrisa amarga escapó de mis labios.

—Eso... ya empecé a descubrirlo.

Durante unos segundos ninguna habló.

Hasta que Lavinia rompió el silencio.

—Victoria... —Fue la primera vez que utilizó mi nombre desde que la conocía. Sin títulos. Sin protocolos. Solo mi nombre —Este no es un lugar seguro.

Sostuve su mirada.

—Creo que nunca lo fue. La diferencia... es que recién ahora dejé de fingir que no lo veía.

El silencio volvió a instalarse entre nosotras.

Dos mujeres.

Dos piezas del mismo tablero.

—No puedo contarle todo —admitió finalmente—. Pero sí puedo decirle una cosa…
—Esperé— No todos los movimientos de Cambell responden al rey.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

—Entonces... ¿a quién responden?

Lavinia dudó apenas un instante.

—A intereses mucho más antiguos.

Mi mente empezó a buscar respuestas por si sola.

¿Linus?

¿El consejo?

¿Alguien que todavía no conocía?

No tenía forma de saberlo.

Y eso era lo que más me inquietaba.

—Gracias.

Ella inclinó apenas la cabeza.

Cuando ya estaba por marcharse, se detuvo una última vez.

—Tenga mucho cuidado con las personas en las que decide confiar, princesa.

La observé alejarse.

—Eso intento aprender... —murmuré para mí misma.

Aunque, en el fondo, todavía no estaba segura de haberlo conseguido.

La reunión con la comitiva de Arcelia comenzó una hora después.

Sin mis padres.

Sin Alaric.

Sin nadie que pudiera respaldarme si algo salía mal.

Solo yo.

Y por primera vez desde que había llegado a Cambell, comprendí que eso lo cambiaba todo.

Cuando crucé la puerta de la sala, todas las conversaciones cesaron.

Algunos de los consejeros se pusieron de pie de inmediato.

Otros permanecieron sentados, observándome con una mezcla de respeto e incertidumbre.

No los culpaba.

Yo tampoco sabía si estaba preparada para asumir un peso tan grande.

Pero ya no podía permitirme dudar.

Tomé aire antes de hablar.

—Tenemos que replantearnos todo. —Las miradas se dirigieron al enorme mapa de Cambell extendido sobre la mesa. Me acerqué a él despacio. —La situación es mucho más delicada de lo que imaginábamos cuando cruzamos la frontera. Y seguir comportándonos como simples invitados sería un error.

Un murmullo recorrió la sala.

Breve.

Contenido.

Pero suficiente para confirmar que mis palabras habían inquietado a todos.

—¿Está insinuando que Arcelia corre peligro, alteza? —preguntó uno de los consejeros.

Lo miré directamente.

—No lo estoy insinuando… —Hice una breve pausa— Lo estoy afirmando —El silencio fue inmediato. Sentí que todas las miradas recaían sobre mí. Respiré hondo antes de continuar—. Cambell no es únicamente un reino con el que estamos negociando. Es un reino donde se están moviendo intereses que podrían afectar directamente el futuro de Arcelia. Y si seguimos reaccionando cuando los hechos ya ocurrieron... dejaremos de tener margen para decidir. —Apoyé ambas manos sobre la mesa— Necesitamos información. Necesitamos discreción. Y, sobre todo... debemos dejar de creer ciegamente todo aquello que nos dicen.

Otro de los consejeros tomó la palabra.

—¿Está cuestionando la palabra del rey Linus?

Por primera vez desde que había comenzado aquel viaje... no dudé.

—Estoy cuestionando absolutamente todo.

Nadie respondió.

El silencio que llenó la habitación era distinto al anterior.

Ya no era incredulidad.

Era preocupación.

Miré nuevamente el mapa.

Durante unos segundos pensé en mi padre.

En todo lo que había descubierto desde nuestra llegada a Cambell.

En las verdades a medias.

En los silencios.

Entonces hablé.

—Nuestros reinos no llegaron hasta aquí por casualidad. Lo ocurrido entre el rey Erick y la reina Elizabeth jamás fue solamente una historia de amor. Fue un conflicto político...
disfrazado de traición. —Vi cómo algunos evitaban mi mirada. Otros intercambiaron discretamente una mirada entre ellos. Todos comprendían el peso de aquellas palabras —Y las consecuencias de aquella decisión las seguimos pagando nosotros. —Mi voz salió más baja. Más firme— Si algo aprendí desde que llegamos aquí es que la historia nunca tiene una sola versión. Y cuanto más cerca estamos de la verdad, más difícil resulta distinguir en quién confiar. —Recorrí lentamente la mesa con la mirada— No voy a permitir que la historia vuelva a repetirse. No mientras pueda hacer algo para impedirlo.




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