Estrellas en el aire

Capítulo 24

La calma no era real.

Era una pausa.

De esas que llegan justo antes de que todo estalle.

Se sentía en el aire.
En los pasillos.
En las miradas que se cruzaban demasiado rápido y en las conversaciones que se cortaban cuando yo aparecía.

Cambell ya no intentaba disimular.

Y yo… tampoco.

---

—No podemos esperar más. —La voz de uno de los hombres de mi comitiva rompió el silencio en la sala privada que nos habían asignado.

Estábamos reunidos desde hacía horas.

Mapas extendidos sobre la mesa.
Rutas marcadas.
Posibles movimientos militares analizados hasta el cansancio.

Pero todo llevaba al mismo punto.

—Si Linus decide retenerla, estaremos en desventaja total —continuó otro—. Debemos regresar a Arcelia antes de que eso ocurra.

—No sin un acuerdo —respondí, firme.

—¿A qué costo?

Silencio.

Esa era la pregunta.

Siempre lo había sido.

Apoyé ambas manos sobre la mesa.

—Si nos retiramos ahora, sin cerrar nada, esto se convierte en una declaración de guerra.

—Y quedarnos… puede ser lo mismo.

—O peor —añadió otro.

Los miré a todos.

Uno por uno.

Hombres que confiaban en mí.

Que esperaban una decisión.

La correcta.

Siempre la correcta.

—Evacuación parcial en la frontera —dije finalmente—. De forma discreta. Sin alarmar a la población. —Asintieron— Refuerzo de milicias —continué—. Pero sin hacerlo oficial aún.

—¿Y usted? —preguntó uno de ellos—. Usted sigue siendo el punto más vulnerable.

Ahí estaba.

Otra vez.

Mi valor reducido a estrategia.

A riesgo.

A pieza.

—No voy a huir —respondí.

—No es huir, es proteger...

—Es abandonar una negociación en curso —lo interrumpí—. Y no lo voy a hacer.

Silencio.

Pesado.

Tenso.

—Con todo respeto, princesa… —dijo uno de los mayores—. Si algo le sucede aquí, Arcelia pierde más que una negociación.

Lo sostuve.

—Entonces asegúrense de que no suceda.

No hubo respuesta inmediata.

Pero entendieron.

Tenían que hacerlo.

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Cuando la reunión terminó, el peso en mi pecho no se alivió.

Al contrario.

Se hizo más claro.

Más concreto.

Esto ya no era una posibilidad.

Era un camino.

Y estaba avanzando directo hacia él.

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Esa tarde, el palacio se sentía más vigilado que nunca.

Guardias en lugares donde antes no los había.
Puertas cerradas.
Movimientos medidos.

Linus estaba jugando.

Y lo hacía bien.

Caminé por los pasillos con la cabeza en alto.

Sin mostrar duda.

Sin mostrar miedo.

Aunque lo hubiera.

Aunque todo dentro de mí gritara que algo no estaba bien.

Y entonces lo vi.

Massimo.

Observándome desde el otro lado del corredor.

Serio.

Implacable.

Como si ya supiera.

Como si estuviera esperando.

No se acercó.

No dijo nada.

Pero su mirada fue suficiente.

Esto ya no era discreto.

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Esa noche, no hubo carta.

No hubo mensaje.

No hubo excusa.

Y aun así… sabía que iba a verlo.

No por impulso.

No por debilidad.

Sino porque necesitaba respuestas.

Y esta vez… no iba a ir a su terreno.

---

Golpeé la puerta.

Firme.

Una sola vez.

Silencio.

Luego pasos.

La puerta se abrió.

Massimo.

Sorprendido.

Por una fracción de segundo.

Luego… control.

—Princesa.

—No. —Entré sin esperar permiso— Hoy no. —Cerré la puerta detrás de mí. El aire en la habitación se tensó de inmediato.—Esto tiene que parar —dije, directa.

—Entonces...

—No repitas eso —lo corté—. No esta vez. —Silencio—Tu padre sabe.

No fue una pregunta.

Sus ojos no lo negaron.

—Sospecha.

—Es suficiente. —Di un paso más— Esto ya no es un juego, Massimo.

—Nunca lo fue.

—Entonces deja de actuar como si lo fuera.

Su mandíbula se tensó.

—¿Qué quieres que haga, Victoria?

Ahí estaba.

La pregunta real.

Respiré hondo.

—Quiero saber en qué lado estás.

Silencio.

Largo.

Pesado.

—No puedes pedirme eso.

—Claro que puedo.

—Soy el heredero de Cambell.

—Y yo la heredera de Arcelia.

Nos miramos.

Firme.

Sin ceder.

—Esto no es solo sobre nosotros.

—Nunca lo fue —respondí—. Pero ahora tampoco podemos ignorarlo. —Un paso más—Porque si esto sigue… alguien va a tener que elegir.

Silencio.

Su mirada cambió.

Más oscura.

Más profunda.

—¿Y tú ya elegiste?

Ahí estaba.

Otra vez.

Esa pregunta.

La única que no quería responder.

Pero esta vez… no aparté la mirada.

—Siempre elijo a mi reino.

Firme.

Clara.

Irrompible.

El golpe fue inmediato.

En él.

Lo vi.

Aunque no dijo nada.

—Bien —respondió al final, con voz controlada—. Entonces ya tienes tu respuesta.

Dolió.

Más de lo que esperaba.

Pero asentí.

—Sí.

Silencio.

Y esta vez… no hubo acercamiento.

No hubo roce.

No hubo nada.

Solo distancia.

Real.

Definitiva.

—No vuelvas a venir aquí —dijo.

Frío.

Exacto.

—No lo haré.

Mentira.

Y ambos lo sabíamos.

Me giré.

Caminé hacia la puerta.

Pero antes de salir… me detuve.

Sin mirarlo.

—No dejes que tu padre gane. —Silencio— No en esto.

Abrí la puerta.

Y me fui.

---

El pasillo estaba vacío.

Pero el aire… no.

Porque algo había cambiado.

De verdad.

Esta vez no era tensión.

No era deseo.

No era confusión.

Era algo más peligroso.

Decisión.

Y mientras caminaba de regreso, con cada paso más firme que el anterior… lo entendí.




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