Éter Negro

Prólogo

⊹ ࣪ ˖ Toda gran función necesita un público ciego hacia la verdad. ⊹ ࣪ ˖

La lluvia golpeaba con firmeza los adoquines mientras una interminable fila de automóviles negros avanzaban por el camino empedrado

La lluvia golpeaba con firmeza los adoquines mientras una interminable fila de automóviles negros avanzaba por el camino empedrado. Sus focos cortaban la oscuridad de la noche hasta detenerse frente a una enorme carpa de colores oscuros, iluminada con unas tenues luces doradas que parpadeaban como si invitaran a cualquiera a pasar.

No había niños, ni mucho menos familias.

Solo hombres y mujeres vestidos con trajes de diseñador, joyas imposibles de ignorar y máscaras que ocultaban gran parte de sus rostros.

El silencio era algo extraño para el circo.

Los invitados entregaban una tarjeta con un sello dorado antes de cruzar la entrada. Nadie hablaba, nadie preguntaba. Todos parecían conocer las reglas.

Dentro, el ambiente era completamente distinto.

El aroma a madera antigua y terciopelo impregnaba el aire. Un pianista interpretaba una melodía lenta mientras los asistentes ocupaban sus lugares alrededor de una pista circular iluminada por un solo reflector.

Las conversaciones cesaron al instante cuando las luces se apagaron.

Un reflector se encendió. Una voz grave resonó en todo el lugar.

—Bienvenidos... a mi espectáculo.

La música cambió de un momento para el otro.

Uno a uno aparecieron trapecistas, acróbatas y malabaristas, arrancando aplausos de un público que estaba más interesado en observarse entre sí que en el espectáculo.

Entonces apareció él.

Un hombre alto, vestido con un elegante traje negro de jester con detalles plateados. Su rostro permanecía oculto bajo una máscara blanca de sonrisa eterna.

No pronunció ninguna palabra, solo hizo una reverencia y comenzó a bailar.

Cada movimiento parecía calculado. Lanzaba cartas al aire, hacía desaparecer monedas entre sus dedos y guiaba la mirada del público exactamente hacia donde él quería.

Las carcajadas llenaban la carpa.

Pero nadie notó que, entre cada acto, algunos invitados desaparecían discretamente tras unas pesadas cortinas negras.

Detrás del escenario no había risas; solo un silencio ensordecedor. Un hombre dejó unos papeles sobre la mesa mientras que otro abría un maletín.

Dentro descansaban varias ampolletas de cristal llenas de un líquido morado que parecía emitir un brillo propio; nadie pronunció su nombre. No era necesario hacerlo.

- La mercancía llegó esta mañana.

El comprador tomó una ampolleta con cuidado.

—¿La calidad?

- La mejor que hemos producido.

Un apretón de manos basto para que el maletín cambiara de dueño. Y todo volvió a la normalidad.

Mientras tanto, en el escenario, el jester continuaba con su acto. Como si jamás hubiera visto lo que ocurría a pocos metros de él.

La función terminó cerca de la medianoche. Los invitados abandonaron la carpa en el mismo orden en que habían llegado horas antes.

Cuando el último automóvil desapareció en la distancia, el silencio se volvió a adueñar del lugar. El jester caminó hasta un pequeño camerino y cerró la puerta de este.

Frente al espejo comenzó a retirarse la máscara y luego todos los accesorios. Bajo aquella identidad apareció un joven de cabello negro rizado y ojos tan oscuros que parecían absorber la luz de la habitación.

Sobre la mesa lo esperaba un traje perfectamente planchado; mientras ajustaba su corbata, alguien tocó la puerta.

-Adelante.

Un hombre entró sin levantar demasiado la vista.

—Señor D'aroy, mañana a las ocho tiene una reunión con la Federación Imperial de Deportes. También confirmar su asistencia para la exposición de la Universidad Imperial de Vollan.

Lunive terminó de acomodarse los gemelos de la camisa. Su reflejo ya no era el de un jester. Ahora era el CEO más admirado de Andromedis.

- Perfecto.

Tomó una caja de madera que descansaba sobre el tocador. Dentro solo quedaba una pequeña ampolleta; el líquido morado brilló en un instante.

Lunive sonrio.

- La función apenas comienza.

La lluvia golpeaba con firmeza los adoquines mientras una interminable fila de automóviles negros avanzaban por el camino empedrado



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Editado: 17.08.2026

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