Eterna conexión

Capítulo 9: La verdad sobre los Guardianes

Ruiz no perdió tiempo. Apenas recibió noticias de la desaparición de Aira y de la destrucción parcial de la planta nuclear, activó los protocolos que había diseñado junto a Mara. Sabía que cada segundo contaba. Llamó de inmediato a Mara, encontrándose aún sumida en la preocupación y el dolor de no saber dónde estaba Aira.

—Mara —dijo con voz urgente—. Creo que finalmente entiendo qué son los Guardianes del Tiempo. Esto no es superstición ni mitología; es pura física teórica combinada con biología cuántica y energía.

Mara frunció el ceño.

—Explícate, Ruiz. ¿Qué son realmente?

Ruiz respiró hondo, como si intentara condensar siglos de conocimiento en palabras que pudieran ser entendidas en ese instante.

—Los Guardianes no son organismos biológicos convencionales —comenzó—. Su estructura no es molecular de la manera en que lo entendemos. Están compuestos de partículas cuánticas autoconscientes que interactúan con la macroestructura del espacio-tiempo. Cada uno de ellos es como un nodo de información temporal, un entrelazamiento cuántico que puede afectar la línea de eventos futuros y pasados simultáneamente.

Mara se quedó en silencio, asimilando cada palabra.

—¿Estás diciendo que son… como computadoras vivientes que operan fuera del tiempo? —preguntó, intentando conectar la explicación con algo que su mente pudiera visualizar.

—Exactamente —afirmó Ruiz—. Pero no cualquier computadora. Cada Guardián está diseñado para mantener la estabilidad del “continuo temporal” según criterios que ellos mismos interpretan. Son autoprogramables, capaces de aprender y adaptarse a la evolución de la humanidad. Pero aquí está el problema: su “programación” original los hace enemigos de cualquier avance que considere que altere su equilibrio ideal. Por eso atacan la tecnología, la ciencia, incluso la cultura. Cada vez que los humanos avanzan demasiado rápido, ellos eliminan las anomalías o los nodos de conocimiento que podrían generar un salto evolutivo.

Mara recordó las palabras de Aira: habían intentado destruir todo lo que pudiera otorgar a la humanidad un conocimiento superior, y su fracaso en el estadio había sido accidental.

—Entonces —continuó Ruiz—, Aira no está equivocada. Ellos la buscan porque ella representa un nodo de información que podría cambiar la conciencia colectiva humana. Su capacidad de acumular y transmitir conocimiento, de aprender, viajar y recordar múltiples vidas, es incompatible con los Guardianes. Es una amenaza para su percepción de estabilidad.

—Pero, ¿cómo los detenemos? —preguntó Mara, la voz cargada de ansiedad y determinación.

Ruiz se acercó a una pizarra blanca que había llevado desde la comisaría. Con un marcador, comenzó a dibujar complejas estructuras de diagramas y ecuaciones.

—La primera parte es entender su vulnerabilidad —dijo—. Los Guardianes existen en un estado de “superposición temporal”: simultáneamente en múltiples líneas de tiempo, pero no completamente presentes en ninguna. Esa misma propiedad que les permite moverse y alterar eventos los hace susceptibles a una forma de colapso cuántico dirigida.
Mara lo miró, sorprendida y confundida.
—¿Colapso cuántico dirigido? —repitió—. ¿Qué significa eso?
—Es simple en teoría, aunque complejo en práctica —explicó Ruiz—. Si puedes inducir un patrón de interferencia cuántica que afecte la totalidad de su nodo en todas las líneas de tiempo simultáneamente, pueden desestabilizarlos. En otras palabras, una perturbación que “resuene” con su estructura cuántica puede fragmentar su conciencia y neutralizarlos.
—¿Y cómo hacemos eso sin destruir la línea de tiempo? —preguntó Mara, apretando los puños.
—Ahí es donde entra la ciencia aplicada y la intervención humana indirecta —dijo Ruiz—. No podemos interactuar directamente. Necesitamos que ciertos nodos de información sean accesibles y difundidos, como Aira lo hizo inadvertidamente con su existencia. Con la información correcta, se puede inducir un efecto de retroalimentación que colapse selectivamente su nodo sin afectar el resto del continuum temporal.
Mara parpadeó. La complejidad era casi insoportable, pero cada palabra de Ruiz comenzaba a formar un patrón en su mente.
—Entonces —dijo—, Aira no puede hacerlo sola. Ni siquiera tú puedes controlarlos directamente. Necesitamos colaborar, distribuir información, usar la ciencia y la observación. Es un ataque indirecto.
—Exactamente —afirmó Ruiz—. Los Guardianes son inhumanos en su percepción, pero su existencia depende de ciertos límites: energía, entropía y conciencia colectiva. Si podemos manipular esos tres factores, tenemos una posibilidad.
Mara respiró hondo, sintiendo que la responsabilidad recae de manera insoportable sobre sus hombros.
—Y lo haremos —dijo con firmeza—. Aira nos enseñó que no podemos esperar que otros luchen por nosotros. Debemos usar nuestras capacidades,nuestras mentes humanas, nuestro ingenio y nuestra valentía.
Ruiz asintió.
—Correcto. Debemos preparar un plan meticuloso, aprovechar cada dato, cada anomalía que se haya registrado, cada testimonio, cada archivo de investigación. Incluso el trabajo de conspiranoicos y periodistas puede ser útil. Todo contribuye a la retroalimentación necesaria para generar un colapso controlado en los Guardianes.
—¿Y Aira? —preguntó Mara, con un nudo en la garganta—. ¿Qué hará mientras tanto?
Ruiz bajó la mirada, con tristeza y comprensión.
—Aira debe permanecer en el papel que el destino le asignó. Si su sacrificio o intervención es necesario, no debemos interferir directamente. Pero podemos construir la red de información que permita que su acción tenga efecto completo. Ella sigue siendo la clave, pero nos necesita a nosotros como catalizadores humanos.
Mara cerró los ojos y respiró profundo.La idea de que Aira estuviera en Noruega, enfrentando la verdad de los Guardianes y su propia inmortalidad, mientras ellas planifican desde la distancia, le provocaba un dolor agudo. Sin embargo, la claridad científica de Ruiz le dio un objetivo concreto. La batalla ya no era abstracta ni mitológica: era física, cognitiva y cuántica.
—Necesitamos recopilar toda la información sobre anomalías temporales previas —dijo Mara—. Mapear los patrones, los puntos de intervención, incluso los errores que hayan cometido los Guardianes. Todo aquello que nos dé ventaja.
—Sí —asintió Ruiz—. He comenzado a rastrear datos históricos, registros de energías inusuales, desapariciones de científicos y fenómenos que nunca se explicaron. Hay suficientes patrones para construir un mapa temporal preliminar. Cada error cometido por los Guardianes puede servirnos para inducir un colapso parcial.
Mara sintió un destello de esperanza. -- Entonces podemos hacerlo —dijo, su voz más firme—. Podemos salvar a la humanidad y a Aira al mismo tiempo
Ruiz asintió solemnemente.
—Sí. Pero debemos ser meticulosos y rápidos. Ellos aprenderán de cada error, y su capacidad para adaptarse es casi infinita. El tiempo no espera, y nosotros tampoco.
Mara observó la ventana, donde el cielo nocturno se extendía, silencioso y profundo. Sabía que la lucha sería larga, peligrosa y que incluso podrían perder cosas irremplazables. Pero también comprendió que, gracias a la comprensión científica de Ruiz y la información que Aira había dejado, había un camino concreto para enfrentarlos.
—Entonces comencemos —dijo Mara, con decisión—. El tiempo puede ser inmenso, pero también tiene sus grietas. Y nosotros vamos a encontrarlas.
Ruiz asintió, mientras ambos comenzaron a trazar planes, diagramas, rutas y patrones. La batalla contra los Guardianes del Tiempo ya no era solo un asunto de leyendas o sacrificios heroicos: ahora tenía una base tangible, científica, y una estrategia que podía cambiar el curso de la historia.
Y mientras Mara trabajaba, no podía evitar pensar en Aira. En su fuerza, en su dolor y en el amor que las unía. Sabía que, aunque las leyes del tiempo y la física fueran complejas, la determinación humana y la conexión que compartían podrían ser la clave para derrotar a lo que parecía invencible.
Porque incluso los Guardianes del Tiempo, con toda su sabiduría cuántica, no podían anticipar la pasión, la creatividad y la astucia humanas.
El reloj avanzaba, inexorable, y la misión apenas comenzaba.




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