Creo que una de las cosas que más nos preocupa en la adolescencia es la opinión de nuestros padres y lo que pensarán de nosotros. Sin embargo, con el tiempo nos damos cuenta de que vivir buscando su aprobación muchas veces solo nos daña y nos lastima. Es verdad que son nuestros padres, pero eso no significa que tengamos que soportar humillaciones o maltrato por parte de ellos.
No es bonito llegar a la adultez y descubrir que ciertas formas de trato que parecían normales en realidad no lo eran. En ningún momento es normal ni correcto. Tal vez con el tiempo entendemos que no es algo sano, aunque eso no hace que la experiencia sea menos dolorosa. El hecho de que ellos tengan frustraciones o sueños no cumplidos no les da derecho a decidir sobre tu vida.
Con el paso del tiempo, y a través de nuestras caídas, vamos aprendiendo cómo es el mundo. Salimos y descubrimos que puede ser duro y que muchas veces no es justo con nosotros. Pero de eso se trata la vida: de avanzar. Aunque te caigas, te levantas y sigues, porque el mundo no se detendrá por ti ni por nadie. Tenemos que continuar, incluso cuando tenemos el corazón roto o la mente agotada. Seguimos adelante, y aunque estemos rotos, eso no nos impide seguir caminando.
Tampoco dejes tus sueños y aspiraciones solo porque alguien vino y te dijo que no podías hacerlo. Inténtalo. Y si te decepciona el resultado, está bien. Al menos lo intentaste y no te quedaste con la duda de qué habría pasado si lo hubieras hecho. Vive la experiencia de equivocarte, aprender y disfrutar la vida, porque de eso se trata.
Es verdad que existen responsabilidades, pero eso no significa que no podamos disfrutar y tomarnos un pequeño descanso. Si estudias o trabajas, haz una pausa de vez en cuando. La vida sigue ahí. Dicen que hoy estamos aquí y que mañana tal vez ya no, y por eso es importante permitirse respirar. Ve a un parque, escápate a una playa, sal a caminar o simplemente haz algo que te haga feliz. No te quedes con las ganas de vivir.
Muchas veces llegamos a la vejez arrepintiéndonos de cosas que no hicimos por falta de tiempo, miedo o ganas. Y si eres una persona mayor y tu arrepentimiento es no haber vivido ciertas experiencias, todavía estás a tiempo. Para aprender, estudiar o vivir aventuras no existe una edad límite. Aunque te digan que ya eres muy grande para eso, no les hagas caso. Ese tatuaje que siempre quisiste, ese piercing que tanto te gusta o ese sueño que has guardado durante años, hazlo si realmente lo deseas. No te quedes con el arrepentimiento.
Tal vez mis palabras no tengan mucho sentido para algunas personas, porque yo también sigo avanzando. Camino sin arrepentimientos, aunque a veces tenga miedo de equivocarme. Pero tengo la certeza de que cada error me dejará una enseñanza, una experiencia y una historia que contar más adelante.
Luchen por sus sueños, porque no son tontos. Si quieres llegar a la luna y alguien te dice que es una tontería, demuéstrate a ti mismo que no lo es. No para darle gusto a los demás, sino para probarte que eres capaz. Si eres escritor o escritora y sientes que nadie te lee, recuerda que todos empezaron desde cero. Sigue avanzando, porque puedes llegar muy lejos.
Y para aquellos que sienten que todavía no han encontrado algo que los apasione, les aseguro que algún día lo encontrarán, aunque ahora parezca imposible.
No se desanimen. Sigan adelante. Tal vez con miedo, pero con la tranquilidad de saber que lo están intentando.