Eternamente Efímero

XIV

A pesar de que iban a verse el sábado, David no rompió la costumbre de visitar a Lucas todos los viernes. Comieron un helado, conversaron un rato y después cada uno regresó a su casa. Hacía algunos meses que Lucas no volvía tan temprano a su casa un viernes. Entró con desgano para encontrarse a su mamá, lo que le pareció extraño, considerando el hecho de que sabía perfectamente cuáles eran sus planes habituales para los viernes en la noche.

—Qué milagro que llegó tan temprano —exclamó.

Desde que Lucas tenía memoria, su madre nunca había utilizado el "tú" en ninguna de sus formas para referirse a él. Desconocía la razón, pero a estas alturas estaba tan acostumbrado a ello que ya no le importaba. 

—Lo mismo digo —respondió con tranquilidad.

Había llegado al punto en el que lograba alcanzar el nivel de coraje suficiente para enfrentarse a su madre cuando así lo deseaba. Había recibido tantos gritos y golpes desde pequeño que estaba preparado para cualquier cosa, y no estaba dispuesto a callar por temor como lo había hecho toda su vida.

—¿Perdón? —cuestionó su madre con indignación, dando un par de pasos hacia adelante, acercándose más a él. Lucas sabía que no había nada que explicar, esa solo era su manera de pedirle que cerrara la boca antes de que algo malo ocurriera.

—¡¿Qué?! ¡¿Entonces usted puede salir hasta la madrugada a gastar en alcohol el dinero que no tenemos pero yo no puedo...?!

Un fuerte golpe en la mejilla interrumpió su frase. Lucas se llevó la mano a la zona del impacto. El escozor casi lo obligó a hacer una mueca, pero contuvo cualquier expresión de dolor que pudiese demostrar en ese momento. 

—¿Le doy todo y así es como me paga? desagradecido de mierda.

—¿Todo? Si yo no soy más que un sirviente aquí, prácticamente trabajo por un techo y comida.

—Ya quisiera tener que trabajar por un techo y comida. Cuando le toque, ya verá. Y es lo que hay que hacer para mantener esta casa limpia, ¿o usted cree que yo puedo quedarme aquí todo el día limpiando? ¿Quién traería para comer, para pagar las cosas?  

—No es solo eso. Usted nunca está, mamá. Tampoco le interesa mi vida. Y sí, lo que dije lo volvería a decir mil veces, se gasta el dinero emborrachándose cuando se podría usar para cualquier otra cosa que nos beneficie a ambos. 

—Yo gano el dinero, así que lo gasto como se me dé la puta gana. 

Lucas calló por un instante.

—Mamá, ¿si nunca quiso tenerme, entonces por qué lo hizo?

—No sé. Y cada vez me arrepiento más —declaró, para luego darse la vuelta y caminar hacia las escaleras—. No se le olvide lavar los platos —dijo antes de subir los escalones y desaparecer de la vista de Lucas.

El chico suspiró. Hizo lo que ella le pidió y después subió a su habitación. Abrió una caja de zapatos que guardaba debajo de la cama y contó todos los billetes que había adentro. Lo mismo hizo con las otras tres cajas que se encontraban ahí. No era demasiado, pero pronto sería suficiente para conseguir un lugar pequeño por sí mismo y vivir solo, como lo había querido desde hacía tanto tiempo. Sabía que con el solo hecho de tener un trabajo podría mantenerse a sí mismo e irse de casa, pero estaba esperando a cumplir los 18 años, lo cual iba a ocurrir en unos meses. Además, de esa forma, pensó varias veces, para cuando decidiera irse, ya tendría cierta cantidad de dinero ahorrada. Y ahora eso le ayudará más adelante, pues pronto se graduará del colegio y la universidad es una decisión complicada cuando apenas se cuenta con ingresos suficientes para lo necesario. 

Hacía casi tres años había comenzado a cobrar por realizar trabajos escolares para sus compañeros, y sorprendentemente ganaba muy bien con ello. Su reciente empleo de los fines de semana también ayudaba. Adicional a eso, su padre le enviaba dinero cada mes, cosa que su madre desconocía. Lucas lo mantenía en secreto, pues sabía que si ella se enteraba, lo tomaría todo para sí misma. 

Su padre era arquitecto. Había logrado obtener una posición acomodada, así que ganaba bastante bien. Tenía otra familia, con quienes vivía y a quienes les otorgaba el 100% de su tiempo y atención. Ignoró la existencia de Lucas durante sus primeros años de vida, hasta que un día decidió hacer un acuerdo con su madre, en el que se comprometió a pagar por su educación. Lucas creyó, y sigue creyendo, que fue un momento en el que quizás la culpa fue más fuerte que él y por eso quiso intentar hacer algo por todos los años en los que estuvo ausente. Mantener en secreto el asunto del dinero adicional que enviaba a Lucas no había sido solo idea de él. Los dos la conocían bien, por lo que fácilmente concordaron que era mejor que ella no lo supiera.

Sus padres se conocieron cuando ambos eran muy jóvenes y las cosas pasaron sin que ellos las pensaran muy bien. Cuando Lucas fue concebido, su padre llevaba tres años de estudio universitario, y su madre apenas lo estaba comenzando, a duras penas. Él no quiso renunciar a lo que había logrado, naturalmente. No quiso implicarse ni un poco en el cuidado del bebé. Su madre nunca tuvo tapujos al decir las cosas, así que Lucas tenía claro que en un momento ella llegó a considerar el aborto. A veces pensaba que quizás las cosas habrían sido mejor para todos si ella hubiese tomado aquella decisión en lugar de la que tomó finalmente. 




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