Eternamente Efímero

XXIX

Uno de sus profesores había cancelado clase a último minuto, así que Lucas había salido más temprano de lo habitual. Se bajó en la parada de bus correspondiente y caminó hacia el apartamento que compartía con David. Revisó la hora en su celular: 2:00 pm. David aún estaba en el trabajo. Tenía tiempo de prepararse un almuerzo rápido y cocinar algo para que los dos cenaran juntos. Abrió la puerta principal. El sonido de la televisión llegó hasta sus oídos. David probablemente la había dejado encendida. "Voy a matarlo cuando llegue", dijo para sí mismo. Siguió el sonido hasta la habitación principal, donde se encontró a David, recostado sin camisa sobre la cama, comiendo palomitas de maíz.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Lucas, al tiempo que se acercaba al televisor para apagarlo.— ¿No tendrías que estar en el trabajo?

—Sí, pero...

—¿Te despidieron?

—¿Qué? No.

Lucas suspiró. Creía estar seguro que lo que estaba ocurriendo, aunque deseaba equivocarse.

—En realidad nunca tuviste un empleo, ¿o sí? —David se quedó en silencio—. Respóndeme.

—No, nunca tuve un empleo. Mentí.

El enojo se apoderó de Lucas, y prorrumpió en gritos.

—¡¿Qué mierda, David?! No puedo creerlo. ¿Cómo pudiste mentirme así?

Ambos se quedaron en silencio, siendo la agitada respiración de Lucas el único sonido en la habitación.

—¿Entonces de dónde has sacado el dinero? —preguntó con más calma.

David vaciló, hasta que al fin respondió.

—De la cuenta bancaria de ahorros para mi universidad —dijo, haciendo una mueca, consciente de que el chico frente a él explotaría de enojo al escuchar su contestación.

—¡¿Qué?! —exclamó Lucas. La calma que había alcanzado hacía un instante había desaparecido para convertirse en furia—. Habíamos dejado claro que ese dinero no se tocaba.

—Sí, pero es mi dinero, no tuyo. Puedo usarlo como quiera.

—¡Es el dinero para tu universidad!

—Lo sé, pero...

—¡Eres un maldito holgazán! ¡Eso es lo que eres! —espetó Lucas, dominado por la ira.

—¿Eso crees? —replicó David, subiendo el tono de su voz.

—Sí, eso creo. Eres un malcriado que ha tenido todo. Esforzarte un poco alguna vez en la vida no te va a matar, ¿sabes?

David se quedó callado, inspeccionando a Lucas con desdén. Después tomó una camiseta del primer cajón de una cómoda y se la puso mientras caminaba en dirección a la puerta, la cual retumbó en todo el apartamento al ser cerrada con fuerza. Lucas se sentó en la cama con los codos apoyados sobre las rodillas. Pasó sus manos por el rostro y suspiró.

 

***

 

Revisó la hora en el reloj digital que se encontraba sobre una de las dos mesitas de noche. Ya eran las 10:00 pm y David aún no regresaba. Lucas lo llamó al celular, aunque sabía que era inútil, pero tenía que intentarlo. Necesitaba saber que David se encontraba bien. Intentó varias veces pero en ninguna obtuvo respuesta. Lucas caminó por cada rincón del apartamento como un león enjaulado. No tenía idea de a dónde podría haber ido David o qué estaría haciendo en esos momentos. Luego de una hora se recostó sobre la cama. El cansancio de haber despertado temprano en la mañana lo empezaba a invadir. Sus párpados se hicieron cada vez más pesados y finalmente, sin poderlo evitar, se quedó dormido.

El sonido de la puerta principal al cerrarse lo despertó de su sueño. Se levantó de la cama y caminó hacia la entrada. Ambos se quedaron inmóviles al encontrarse frente a frente.

—Pensé que no ibas a llegar —murmuró Lucas.

—No tengo otro lugar a donde ir.

David caminó junto a él, pasándolo de largo para llegar a la habitación. Tomó una sábana de las repisas más altas del armario y salió del cuarto. Lucas aún no se había movido de su lugar.

—Voy a dormir aquí esta noche —anunció David, caminando hacia el sofá de la sala de estar.

—No seas estúpido.

—No soy estúpido, soy un malcriado que ha tenido todo —replicó David, mirando a Lucas con ironía.

—Deja de ser tan inmaduro —se quejó Lucas—. Sabes que tenemos que hablar.

—Ah, ¿ahora también soy inmaduro? —exclamó David—. ¡Genial! —dijo en tono sarcástico.

Lucas puso los ojos en blanco. David tomó asiento en el sofá, mientras que Lucas se sentó en el suelo. Ambos se quedaron en silencio durante un largo tiempo.

—Tienes razón —habló David al fin, con la vista fija al frente—. Soy un flojo, un holgazán, un inmaduro, y todo lo que dijiste. Es verdad, tienes razón.

—No, David, yo...




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