Eternamente Efímero

XXXIII

David no había salido de la cama en dos días. La autopsia del cuerpo de su madre no había arrojado ningún tipo de indicio y mucho menos una respuesta clara frente al enigma de la causa de su muerte. Lucas intentaba levantarle el ánimo, pero nada resultaba.

—Por favor, come algo al menos —murmuró Lucas, sentándose en la cama junto a David, quien estaba recostado con desgano.

—No tengo hambre.

—Amor…

—Pudimos haber pasado mucho más tiempo juntos, pudimos haber compartido tantas cosas. Justo cuando nuestra relación había comenzado a mejorar, pasa esto.

—La vida es injusta a veces, o tal vez la mayoría del tiempo, pero al menos arreglaron las cosas antes de que ella se fuera de este mundo. No tienes nada que lamentar porque lo que ocurrió en el pasado no fue tu culpa, fue suya y de tu padre. Sin embargo, ella se disculpó y estaba intentando reparar los errores que cometió antes. Todo estaba bien entre ustedes. Creo que ella puede irse en paz y tú también tienes la conciencia tranquila.

—Me habría gustado pasar más tiempo con ella.

—Lo sé, mi amor —habló Lucas con condescendencia y ternura mientras se aproximaba a David para darle un beso en la frente.

Le rompía el corazón ver a su novio de esa manera. Estaba completamente destrozado. Parecía un pequeño niño perdido que lloraba por ayuda.

—Deja de lamentarte por cosas que no puedes controlar —añadió Lucas—. No voy a decirte solamente “acéptalo y ya” porque sé que no es fácil. Pero no puedes cambiar el pasado.

David lo miró con ojos tristes y él sintió que las pocas partes restantes de su corazón roto se derritieron por completo. Lucas se acercó al rostro de David comenzó a plantar besos pequeños a lo largo de este; en su frente, sus mejillas, la punta de su nariz, hasta llegar a sus labios.

—Sabes lo mucho que te amo, ¿cierto? —susurró, y David asintió con la cabeza—. Voy a estar aquí durante todo esto y las otras cosas que vengan en el futuro. No te voy a dejar nunca, lo prometo.

Aunque el llanto de David ya había cesado, un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Sonrió y le dio un beso corto a Lucas en los labios.

—Te amo —dijo.

Lucas jamás lo había escuchado decirlo con aquella emoción y profundidad detrás de ello. Sintió que lo decía con toda la honestidad y seriedad que tenía dentro de él. Sonrió y lo besó de nuevo.

 

 

El funeral se llevó a cabo cinco días después. Resultó bastante concurrido, pues su madre era una mujer muy sociable que le agradaba a casi cualquier persona que interactuara con ella. Rebeca llegó un día antes de la ceremonia. La chica dio un discurso en medio de sollozos; David dijo unas palabras breves entre lágrimas; y su padre habló también, intentando contener sus emociones. Lucas pensó que ese podría ser el momento ideal para que los dos comenzaran a acercarse y remediar su defectuosa relación padre-hijo. Sin embargo, eso no ocurrió. Cruzaron un par de palabras y su padre le dio un abrazo a manera de despedida, pero eso fue todo.

Rebeca se acercó a su hermano y lo abrazó con fuerza. Él le regresó el gesto mientras acariciaba su espalda con ternura. Cuando se separaron, sostuvieron las miradas por un instante y sonrieron sin mostrar los dientes. Lucas sintió que, a pesar de estar algo dolidos, no estaban destrozados. Tal vez finalmente habían entendido que había cosas que no podían controlar y que lo ocurrido en el pasado no fue culpa de ellos, por lo que no podían seguir condenándose a sí mismos por eso. Aún se tenían el uno al otro, y eso era lo que importaba.

Al llegar a casa David atrajo a Lucas hacia él y le dio un fuerte abrazo para después besarlo.

—¿Estás bien? —preguntó Lucas mientras acariciaba con suavidad la mejilla de David.

—Sí. Bueno, todo no es perfecto, pero estoy bien. Me siento… tranquilo. Es como dijiste, lo que pasó, o dejó de pasar, hace muchos años no es culpa mía y debería dejar de actuar como si lo fuese. Además, las cosas estaban bien entre mamá y yo antes de que ella se fuera. Supo lo mucho que la quería y yo supe lo mucho que ella me quiso. No tengo nada por lo que arrepentirme. Ahora lo sé.

Lucas sonrió y le dio un beso en los labios al chico frente a él. Sentía que cada día lo amaba un poco más.

—Si existiera una expresión más fuerte y profunda que “te amo”, la usaría contigo todos los días. Pero tendré que conformarme con decirte que te amo. Estoy orgulloso de ti y te amo. Te amo, te amo, te amo.

Una gran sonrisa se dibujó en el rostro de David. No había sonreído así desde que había recibido la noticia de su madre.

—También te amo, no te imaginas cuánto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.