Eternamente Unidos

Capítulo 3

Esa misma tarde Abbie fue a su primera cita, con el doctor Santiago Torres, ella estaba muy nerviosa porque tenía años que no visitaba a un psiquiatra, aunque su amiga le decía loquero. Diana era un caso perdido. Cuando ella entro en el consultorio este le señalo un sillón para que se sentara.


 

— Antes de comenzar la terapia vamos a hablar un poco de ti, ejemplo como te llamas, que haces aquí.

— Mi nombre es Abigaíl Ferreira, pero me dicen Abbie, soy estudiante de antropología, tengo 25 años. Estoy aquí porque tengo pesadillas que se están haciendo consecutivas. — lo dijo frunciendo el ceño.

— Ok, Abbie, cuéntame de que son esas pesadilla, como son ellas.

— La verdad son las mismas imágenes, pero anoche fue diferente, sentí morir.

— Ok, podemos tratar esto con una hipnosis, es algo nuevo que estoy implementando si lo deseas. — le dijo el con toda sinceridad de lo que quería hacer con ella.

— Si me ayuda a orientar mis sueños, claros que lo haría. — dijo ella con certeza.

— Recueste en el sillón, es muy cómodo para comenzar con la terapia.

— Gracias…


 

Cuando santiago comenzó con la sesión con Abbie, esta había llegado muy nerviosa, y angustiada por unos sueños repetitivos. Al comienzo de la hipnosis le contó mucho concentrarse, pero al final logro que ella estuviera en un estado de relajación profunda. Mediante la rápida técnica de la inducción, Abbie entro en un estado de hipnosis profunda en minutos. Y comenzó la plática con Santiago, ella a través de la hipnosis, comenzó a revelar su vida.


 

— Me encuentro en un desierto, Sí… Sí… Hay esfinges en algunos lados a dónde voy.

— Cuéntame qué pasó en esa vida. — tomando nota de las cosa que ella decía.

— Me dicen que soy una esclava y debo ser vendida. Pero no me quiero ir del lado de mis padres, pero ya es tarde, fui vendida.

— Dime algo, quienes más están contigo.

— Mis padres y algunos que otros amigos, pero igual están preocupados por sus hijas. Más que todas las jóvenes.

— A dónde te llevan, quienes son esas personas. — le decía Santiago para que revelara más del lugar.

— Son Egipcios, vienen por sirvientes para el faraón.

— Dime qué más ves. — insistía el.

— Veo llorar a las chicas y a sus familiares, las abrazan y se despiden de ellas.

— Que hacen los hombres del faraón.

— Nos atan y nos llevan, tengo miedo, les gritó a mis padres, pero son detenidos por los soldados del faraón.


 

La experiencia que había tenido Abbie la atemorizo, y empezó a flotar por encima de la escena. Abbie se veía así misma como una joven adolescente. Después de haberse ido de su casa, Abbie se veía sola en un lugar extraño. De repente la respiración de ella se tranquilizó, se había separado de su cuerpo.


 

— He salido de este cuerpo. — le dijo ella tranquilidad, con bastante naturalidad.


 

Todo esto había ocurrido con gran rapidez, antes que pudiera indagar más Santiago. Ella ya había abandonado el cuerpo, el le había pedido que recordara la experiencia vivida, si podía entender todo al respecto. Abbie no parecía muy deseosa, de darle más detalles. Había abandonado esa vida y ya no podía obtener más dato de esa experiencia vivida. Siendo así la despertó el.


 

— Recuerdas algo, de lo que has experimentado Abbie.

— No recuerdo nada, solo oscuridad eso.

— Sabes que has tenido una vida anterior a esta, o tal vez muchas otras. — Abbie frunció el ceño.

— Otra vida…
 


 

Egipto alrededor 3500 años A. C.

 

El sabio anciano supo que no cambiaría de opinión el faraón, que estaba decidido a llevar a cabo aquella locura, costara lo que costase. Sujetó el brazo de Amina para girar su palma hacia arriba, para después una daga afilada, grabar en la palma de su mano un signo de la eterna vida y a la vez susurraba una oración ininteligible. El faraón presenciaba aquel ritual, esperanzado por volver a ver a su amada. Amon-Ra siguió cada uno de los movimientos del anciano con mucha atención, en eso el se dio cuenta de que le dibujaba un ANKH en la palma de Amina.

 

— Debes saber faraón, que ella no te reconocerá. —soltó de improviso el sacerdote, sin levantar la vista. — Al estar ella muerta durante la ceremonia, una de las partes de su alma ya ha comenzado a olvidar, aunque aún no es demasiado tarde, para esto Amon-Ra.

— Lo se Seth, entiendo eso. — se lo había dicho con duda.

— Tú sí lo recordarás todo en el momento indicado y tendrás la misión de hacer que rememore su primera vida. Amina sentirá el vínculo que los une, pero eso la confundirá. Debes ser paciente mi faraón, para que ella recupere sus recuerdos.




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