Eternidad 2, Primavera Eterna

Capítulo XI – Lo que fue en un pasado no elegido

—Mira, después de desechar varios reportes de la policía y la morgue, nada más encontré estos.

—¿Cuántos?

—Veinticinco.

No esperaba una cifra exacta, ni tan pocos. Esto, junto a los que se supo que murieron no construía un sólido argumento para que los cazadores tomaran la decisión del exterminio. Las escasas muertes las causaron los convertidos, a un líder no se le podía culpar por completo de lo que hacían sus subordinados; sobre las veinticinco personas ahora en su poder, no se sabía si eran salvajes o convertidos, tampoco nadie pudo presenciar que fuera ella quien les quitó su humanidad, era por todo esto que la respuesta de los cazadores no estaba bien fundamentada; en general el mayor escándalo se debía al hecho de que los convertidos al recibir una orden de mantenerse alimentados y a resguardo, habían mantenido cautivos a algunos humanos, a quienes después de un tiempo, dejaban libres y en condición para ser atendidos en un hospital y recuperarse. Lo único en el hecho que les concernía a los cazadores era la muerte de humanos y habían muerto sólo un par, lo de los convertidos era asunto de los de su tipo y nadie se enteró del hecho, por lo que por esa parte no había ninguna repercusión.

Toda la investigación sobre lo que Clarissa estaba haciendo no era más que una excusa para matarla. Lo que debía averiguar era por qué los cazadores buscaban su muerte.

—Gracias Adam, te puedes ir.

—Bien, con permiso.

Apenas notó su natural reverencia, al menos no habían perdido los modales… Lo que le interesaba era desentrañar todo el asunto.

Ella jamás mostró inclinación hacia los actos carentes de moral y ética como el asesinato, si sintió rechazo por lo que eran los cazadores no lo dejó ver; ella no fue más que una presencia distante, pasiva, algo apática y quizás un poco curiosa al observar su alrededor. Si bien se le debía adjudicar la muerte de los dos descendientes de quienes fueron una vez sus hermanos, no era nada que hubiera buscado, ellos no le dejaron opción. Eso era quizás lo único que podían tener contra ella y viéndolo con detenimiento, eso quizá fue el problema.

Lo que hizo no era algo que alguien débil pudiese lograr con éxito, ni menos con facilidad. Con esos actos dejó ver su poder, la fuerza y habilidades que poseía. Debía ser por eso, por el poder que tenía; no sabía que pudieron ver de ello. Él por su parte aprendió que Clarissa podía obligar a otros a realizar su voluntad, cuando Mirren estuvo con ellos y se negó a cooperar y esforzarse, lo terminó haciendo porque ella lo pidió, aunque ninguno se percató; poseía una visión y percepción muy aguda, era consiente de todo a su alrededor por lo que no se le podía tomar por sorpresa; era fuerte, por eso llegó hasta el corazón de Arlan para aplastarlo, aunque parecía ser algo que iba y venía, tal vez sólo estaba ahí por si lo requería; por el encuentro con Graham sabía que debía poseer la habilidad del fuego, pues olía a ceniza en las cercanías cuando él apareció, también podía cristalizar y concentrar energía para destruir, pues fue lo que hizo con el cuerpo de Graham para desaparecerlo; con lo que le pasó a Adam quedó claro que incluso podía leer y adentrarse a la mente de las personas, pero no sabía qué tan formidable fuera esa habilidad en ella.

Él mismo nació con algunas de esas habilidades, de hecho, podía reconocer que sus familiares tuvieron las demás. Significaba que ella logró asimilar la sangre de los que bebió y a la vez adquirió parte de, o quizás todos, sus poderes… si alguno de los cazadores pudo ver algo de eso, no había forma de que no se dieran cuenta de lo que era capaz, debía ser una parte, sino toda, de la razón de porqué estaban dispuestos a pasar por alto las reglas e intentar acabar con su vida. Estaban siendo imprudentes, no terminaría bien para ellos. ¿Acaso Clarissa les causaba más miedo que él?

Necesitaba salir, averiguar si podía evitar esto, porque de lo contrario, tendría que prepararse para el momento en que el resto de su mundo se enterara de ella… En realidad, sólo podía poner su esperanza en que los demás no se percataran del evento que iba a ocurrir, nadie nunca controló a los cazadores, no esperaba que él pudiera convencerlos de algo que atentaba contra su propósito, su modo de ser y de vivir.

Salió de su despacho y se apresuró a subir a su habitación. Con una gabardina sobre su traje de tres piezas de siempre, bajó las escaleras del recibidor. Para ese momento los demás ya estaban ahí.

—Dylan, James, vendrán conmigo.

No hubo respuesta u objeción verbal. Ellos dos lo siguieron hacia la puerta mientras dejaban a los demás atrás.

Kahler tenía que ver, que tanto podía hacer ahora. No se atrevía a esperar que algo fuese como quería.

«—¿Crees que haya mariposas rojas?»

♦ … ♦

—Mirren, necesito hablar contigo.

La siguió hasta el salón donde ella ahora solía pasar su tiempo; de inmediato al entrar se veía al fondo en el centro, un sillón individual de respaldo alto, justo al lado de éste una mesa alta pequeña y redonda que no iba más arriba de la altura de los brazos del sillón, detrás, abarcando casi toda la pared, un mueble tipo librero contenía adornos de cerámica y cristal, en un rincón había una caja ornamentada de madera, también se veían libros y diarios de pasta gruesa y suave, además de eso sólo ocupaba espacio dos candelabros de piso puestos a los lados cerca de las paredes en el centro. Clarisa fue al mueble a sentarse, desde ahí le dirigió una mirada para que se acercara y cerrara la puerta.




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