Eternidad 2, Primavera Eterna

Capítulo XIII – Buscando los hechos

Tuvo que mantener una vigilancia constante del castillo, tenía que esperar a que alguien que pudiera hablarle, saliera, era la mejor manera furtiva de hacerlo, la actividad dentro no había dejado de bullir. Alanh de hecho no creía que fuera a tener suerte, la probabilidad de que saliera una de las dos personas que podrían dirigirse a él, era muy escasa, más aún tomando en cuenta que las misiones no eran por el momento una prioridad.

Transcurrió más de un mes para que la oportunidad se le presentara. Siguió al hombre mayor a la ciudad cercana. Cuando Alanh dobló hacia un callejón, encontró al hombre recargado en la pared. Éste se le puso en frente al llegar hasta donde estaba. Alanh no pudo evitar mirar fijamente a la cabeza, se había rapado, lo hacía ver más duro junto a esa cicatriz que partía el labio y bajaba a la barbilla. Le dijo un tenue «hola», pero el hombre sólo levantó una ceja.

—¿Hay algún problema? —dijo el mayor con voz profunda.

—No, tú te… no importa.

—¿Por qué me sigues?, ¿qué quieres? —Él concentró la mirada como si pudiera leer sus pensamientos.

—Necesito información. —Casi adoptó un tono casual, pero no tanto.

—Eres un traidor, ¿sabes?, no sería prudente de mi parte darte nada. Tienes suerte de que te haya entrenado o haría lo que debo y te escoltaría al cuartel, ¿cuál era tu sentencia?, ah sí, la muerte.

Alanh hizo una mueca, más no mostró algo que dijera que le importaba algo de ese asunto.

—Mira, ya se todo eso, pensé que me dirías lo que quiero considerando lo que es.

—¿Y?

Respiró profundo, con él tenía que ser contundente, y debía estar tranquilo, no con los nervios que lamentablemente un maestro siempre causaba en sus alumnos. Dijo su pregunta, si estaban a las puertas de una lucha.

—Sí.

♦ … ♦

El cantinero los dejó solos una vez les dio sus tragos. Aquel lugar al que habían entrado, era más rustico de lo que imaginó por la fachada, era bueno saber que todavía prevalecían establecimientos así.

—¿Y cómo te enteraste? —Él miraba la bebida, pero aun no la tocaba.

—No lo hice.

—Entonces… —Fue y tomó un trago.

—Vi el cambio de movimiento en el exterior y fui al castillo. No lo supe de ese modo, me lo dijeron.

—¿Quién?

—Célar, apareció una de las veces que vigilaba.

—Ese muchacho…

¿Muchacho? No era tan joven en los veinte, bueno sí, tal vez para su maestro lo era considerando su edad. Alanh fue y también tomó un trago de bebida.

—Por cierto, ¿cómo es que él se entera de lo que todos hacen?

—No sé, supongo que es por su familia, siempre se dijo que tenían una habilidad muy inusual.

—¿Cuál sería para hacerle saber todo?

—Si lo piensas, esa pregunta tiene una respuesta muy sencilla. —El maestro de Alanh dio un trago más largo de bebida y después dejó el vaso descansando en la barra.

Alanh agitó la cabeza.

—Como sea, ¿qué hacen?, ¿no darán vuelta atrás?

—Seguimos un régimen duro de entrenamiento, cortesía de Salazar, se forman grupos de búsqueda para traer a los cazadores que andan fuera, se pidió un favor al ejército para que nos diera armas. Nuestro líder cree que nos irá mejor si llevamos más equipamiento del que por lo general cargamos encima, creo que no quiere dejar ninguna debilidad para ser aprovechada por nuestro enemigo.

No comprendió lo de las armas, para Alanh esa no era una buena estrategia, las armas de los humanos eran cero efectivas contra vampiros, incluso contra los salvajes, tal vez ¿encargó algo más? Bebieron un poco más, él ya estaba en su último sorbo, no se dio cuenta de que su maestro apenas estaba tomando ya después de solo dos tragos.

—Sobre tu segunda pregunta, te diré que no es una opción, Salazar no está fomentando otra cosa que seguir adelante y matar a esa niña junto a todo lo que la rodee. Tengo la impresión de que lo está guiando el miedo

—¿Qué, miedo?

—A la niña.

—Ella no… —Alanh, que la conocía de algo, quiso refutar contra que ella fuese alguien que causara esa emoción.

Su maestro lo interrumpió.

—¿Sabes cuál fue siempre la peculiaridad de la familia de Salazar? Tenían un sentido de percepción desarrollado hacia una inclinación diferente a la natural de un cazador, percibe el fondo. Somos como los animales, percibimos la esencia primera de otros, nos dice si estamos ante alguien peligroso o no, pero no sabes más que eso, no enseña, por ejemplo, que un animal salvaje que está por atacarte, es un padre que espera llevar carne a sus cachorros y manada, o que a veces caza de más para los que son débiles y no pueden sobrevivir solos. El sentido de percepción de esa familia sí te dice eso, por cambios sutiles y diferentes que nadie sabe explicar, hace que perdones a las bestias que en apariencia son más peligrosas porque en realidad su intención no es hacerte daño. Es lo que sospecho que él vio en esa niña, vio el fondo de su ser, muchos no entendemos porque alguien querría matar a quien en el exterior luce como, no sé, luz, una persona buena, algo así me parece a mí, pero Salazar sí, porque percibe a pesar de las apariencias, lo que hay dentro de otros. Está yendo contra ella y no se detendrá porque vio la profundidad.




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