Eternidad 2, Primavera Eterna

Capítulo XV – Se acerca…

Aquello fue en el pasado más distante que recordaba.

Seguía obligado a aparecer en los bailes de su familia que la comunidad exigía. No había nada nuevo. Sus hermanos seguían siendo ellos, sus padres seguían distantes. Ya era su responsabilidad estar frente al Clan a pesar de que sus padres aun vivían y que sus hermanos eran los mayores, ellos creían que era su lugar, los otros no eran queridos. Lo único que tenía presente ese día, era que sus hermanos darían un anunció. A pesar de todo los quería, aun cuando nadie más lo hacía.

Ese anuncio cambió muchas cosas.

Un hijo. Tendrían otro hijo; serían tres ya. Habría otro miembro de su familia.

No hubo un bullicio jubiloso, ni siquiera aplausos corteses. Como siempre. Ellos no hicieron caso de ese hecho, se miraron con el amor que se tenían y recibieron el sencillo abrazo de nuestros padres. Después dijeron que sería una niña.

Eso disolvió el silencio de los demás. Comenzaron a susurrar que si unirían a su hija con uno de sus hermanos, otros ya afirmaban que era justo lo que harían. La forma en que ya nadie callaba sus criticas le molestaba. Cada vez eran más y más insolentes creyendo que podían opinar sobre las acciones y vidas de su familia, debían saber que no tenían ningún derecho.

—¡Silencio!

La orden se cumplió de inmediato cuando su padre habló con fuerza. Ya no estaba cerca de él, pero era bueno que todavía defendiera a sus hermanos, ya era la única parte que hacía como un adecuado progenitor, protegerlos ante los demás. Suponía que, a diferencia de su madre, él no se sentía culpable por hacerlos diferentes, mas siempre seguía a su esposa antes que a cualquiera, incluso ahora con su relación resquebrajada por otro y el medio hermano que ella les dio.

Nunca imaginó que su madre tendría defectos tan humanos.

♦ … ♦

Nunca le envió una mirada de simpatía a su madre cuando la veía llegar sin su nuevo hijo, a pesar de que lucía triste porque una vez más perdió contra mi padre al intentar que dejara traer al bebé a los bailes, pues sufría al separarse de él. Nada más que eso dejaba ver la aflicción de ella, por lo demás, ante el resto, seguía siendo la fiel esposa que siempre se encontraba al lado de su esposo. No entendía porque los otros aceptaban esa imagen, era como si no pudieran recordar, o se negaran, a tener presentes el año y medio que nunca fue vista en el lugar que le pertenecía y debía ocupar. Por esto el primer infante en ser visto de los nuevos nacidos, fue la niña de sus hermanos mayores, aunque nadie hizo un esfuerzo por acercarse a verla. Lo hicieron después, con una distancia apenas moderada, por el llamado de su aspecto a los tres años.

Tenía presente ese día. Sabía que ella era una novedad por su cabello ondulado y pelirrojo oscuro, resaltaba demasiado entre las cabelleras rubias y café de ellos y los demás. Ya que sus hermanos se desatendían muy pronto de sus hijos, la multitud la encontró sola, nada más la acorralaron por la curiosidad de ella al adelantarse a su puesto sopesando si debía ir hacia toda la gente que había ahí. Él observó esto, pues permanecía a poca distancia del lado de sus hermanos que ahora era más amplio al ser ocupado por su progenie. La vio retroceder a su anterior puesto por la cercanía de los mayores. Podían alagarla cuanto quisiesen, no reemplazaba el hecho de que no recibieron con buenas gracias la noticia de su llegada.

Deseaba irse, tal vez Abraham lo recibiría en el rincón donde se quedaba con su familia, era el único adulto con quien le agradaba un poco mantener conversación, Adalbert y Dimitri tampoco eran tan molestos o fanáticos, a esos no lograba tolerarlos. La mano que tomó la suya era pequeña y fría. La hija de sus hermanos se había acercado hasta él, el acto le pareció extraño, no podía racionalizar que se haya acercado así, nadie lo hacía, ni el resto de su familia.

La observó con atención, parecía que intentaba que algo la protegiera del agobió de los otros y lo buscó a él. Tenía a sus padres igual de cerca, ¿por qué?... Apretó su mano cuando iba a soltarla, el bullicio en su mente era intenso, pero entendió. Le devolvió el apretón. Eso la hizo girar su cabeza y alzarla para verlo. Sus ojos eran verdes como los de su hermano, aunque tenían claridad no brillaban como esperó, –y eso lo decepcionó, pero evitó pensar en más. Sólo tuvo que mirar al frente, hacia los hostigadores, para que estos comenzaran a retirarse.

«¿Sólo la hizo ver una ventaja de estar con él?»

A partir de ahí se decidieron muchas cosas, lo que él sintió, y sin saber en ese momento, lo que ella entendió y decidió.

Recordaba las estaciones porque Sarissa estuvo ahí con él, año tras año tuvo su compañía. Recordaba el lodo en sus botas mientras una pequeña mano lo sostenía para apresurarlo e ir a observar los primeros brotes de la primavera. Recordaba la suavidad de la hierba mientras ayudaba a buscar insectos con el viento adormilándolos. Recordaba curar heridas y raspones de una piel clara porque ella no se sostuvo bien al intentar llegar a una manzana. Recordaba sobre todo el invierno, una niña lo convencía de ir afuera tras una tormenta de nieve para ver si encontraban algún animal jugando por ahí, o para probar si podían escabullirse hasta donde uno invernase. Recordaba más esto porque en todo el tiempo que duraban fuera, ella nunca soltaba su mano –no había calor–, sentía por un corto momento que le gustaría vivir así por siempre, sin nada más, aun si siempre tenía que vivir en la nieve, aun si no había nada cálido, pero tendría compañía. No podía desear más.




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