Siempre deseó que hubiera sido diferente, pero nunca pudo extrañarla. Pasó un tiempo antes de eso, acostumbrándose a la idea de que el primer deseo que tuvo no se cumpliría. No era para él. Por eso no la extrañó. Por eso se daba cuenta ahora que desperdició un sueño, un deseo, tiempo y emociones, porque al final le sirvieron de poco. Desconocía esa forma de ser, así que no podía decir si fue culpa del pasado o del desespero muy pronto en su vida. Por lo menos sabía y ya entendía la verdad. Lo que hubo en su pasado de hacía siglos, no contuvo el deseo que pidió.
Alguien perdido me dijo una vez,
el amor es eterno, sin tiempo.
Existen quienes lo creen
y aquellos que no son ingenuos.
◊
He sufrido una larga vida
esperando a esa verdad,
deseando que fuera ella
el propósito para vivir.
◊
Desapareció dejando recuerdos,
los sentimientos hieren
y no hay más deseos para cumplir.
Ya no existen los sueños.
◊
Ésta vez no creeré a quienes toman el silencio,
las flores que han emergido me lo dirán.
Con los ojos con que te vi terminar y nacer
lograré en éste infinito que me veas.
◊
Cuando fui su compañía
la soñé pidiendo tomar mi mano,
pero su mirada en la distancia
jamás se posó en mí.
◊
Aunque una parte de ella
pudo haberme amado,
el infortunio llegó un día;
como penitencia dijo la verdad,
se terminó su ultimo amanecer.
◊
En lugar de esperar milagros,
andaré para dispersar la lejanía,
veme y extiende tu mano,
todavía estamos aquí.
◊
Si podemos vivir en el mundo,
deseo tu mirada,
un recuerdo contigo
y tu amor.
◊
Alguien perdido me dijo una vez
que el amor es eterno, sin voz.
Hay quienes lo creen,
los que no se marchan jamás.
◊
Andaré por el mundo
esperando a encontrar la verdad.
Ese día toma mi mano,
veremos al invierno llegar
y el apagar de la última estrella.
◊ ÉSTE AMOR
Kahler tenía vida y tiempo para intentar.
♦ … ♦
Roja y oscura era la tierra. Hubo batallas, almas que se perdieron. Eran dos tiempos diferentes, pero igual de distantes. Las dos historias comenzaban parecidas, eran los participantes los que eran muy diferentes. Ambos atrajeron el infortunio, ambos trajeron pecado. Los dos condenaron a su descendencia. ÉL lo sabía, por eso la conocía, por eso le tendió una trampa, logró ver el momento en que llegó a la jaula que preparó.
Roja y oscura era la tierra. Nada cambió. Los cuerpos postrados como manto eran los mismos. Las mismas caras ya no se movían.
Sus manos eran negras, su pecho no tenía fondo. El dolor opresivo no había cesado.
Nada había cambiado todavía. La tierra seguiría siendo roja y oscura, de muerte, de sangre y de dolor.
♦ … ♦
Despertó, pero no sentía que hubiera sido así. La iluminación, la posición de la cama, le dijo que estaba en su nueva casa. Su habitación se ordenaba de la misma manera que la otra, sólo la cama no era igual, no tenía postes, ni techo, ni cortinas que nunca corría, y además estaba del lado opuesto; otra diferencia obvia era el espacio, era grande, mucho, mucho más grande y por ello había más ventanas dominando la pared con una buena vista al jardín trasero. También debía decir que había un poco menos de luz en ocasiones, pues los árboles casi cerraban un círculo al medio, un par de metros más allá de la propiedad, eran diferentes de los otros, más altos, menos anchos, más propios del clima frío, creaban sombras largas y podían obstruir la luz.
Dejó de mirar su habitación y repasó lo que sabía que había afuera.
Así que necesitaba aprender otra historia. Si un día las llegase a saber todas, ¿sería suficiente para cambiar lo que se negaba a hacerlo? Esperaba que no faltase mucho para que el primer indicio de cambio ocurriese, uno de verdad.
♦ … ♦
Los ve dos días después cuando por fin salió de su confinamiento.
—¿Esperaron todo éste tiempo?
—Necesitábamos hablarte.