El tiempo dejaba ir muchas cosas. No se detenía a esperar. No se regalaba a los demás. No se congelaba. Todos y cada uno de los días siguientes no dejó de ver, vislumbrar en los sueños, los acontecimientos por venir. Era frustrante y desconsolador no poder detenerlos, pausarlos o relegar al inconsciente. Por ello, a pesar de estar exhausta, no podía dormir en tranquilidad.
—…ería bueno.
Por fin prestó atención al calmar el zumbido en sus oídos y mente.
—A los cazadores se les da bien eso. Nos escabullimos y averiguamos sobre ellos.
—Concuerdo en que eso podría mantenerte informada del desarrollo, pero, tú podrías dejar de incluir en los planes a ambos. No quiero trabajar contigo.
Alanh estaba molesto y ofendido por eso, Célar era difícil, no gustaba de colaborar con otros, fue una suerte que lo hubiese dejado seguirlo hasta Clarissa; la consideración para ayudarlo en lograr sus propios propósitos se agotó, si debía ser sincero, más tarde de lo que creyó.
—Pueden hacerlo por turnos. —Les dijo Clarissa.
—¿No es mejor trabajar en parejas? —Alanh cuestionó.
—Si uno de ustedes no lo quiere, no. No es una situación de riesgo, menos con la protección que les voy a dar.
—Realmente no deseo trabajar con nadie, siempre he estado solo. ¿Qué quieres decir con darnos protección?
De esa cuestión ella no estaba segura del todo, se suponía que la ayudarían, no eran parte de su clan, dudaba bastante que toleraran su idea.
—Si les doy mi esencia, pasaran mejor desapercibidos de lo que logran sus habilidades, no me agrada la idea de que alguien los perciba y se dé cuenta de lo que hacen.
—¿Cómo harías eso?
—Hay dos maneras… Les doy mi sangre y la ingieren, —la reacción incrédula de Célar llamó su atención más que la de aceptación y rechazo de Alanh; no era momento de pensar en eso—, o creo un lazo mental con ustedes, así tendrían una mejor percepción de su alrededor para moverse con la cautela adecuada. Sé que sus habilidades pueden tener un límite que no alcanza las capacidades de alguien como yo.
Tenían que decidir, los dejaría, a pesar de saber qué responderían siendo cazadores. Clarissa dudaba todavía de la presencia de los dos ahí con ella. Ninguno le dijo el motivo por el que la ayudaban, de Célar lo entendía un poco, parecía que la creía capaz de cambiar lo malo del futuro, pero eso era poco para ofrecer su entera ayuda. Alanh era más turbio, lo conoció porque rastreó a su anterior grupo para ver si debía matarlos y hacerle un favor al mundo, después la molestó intentando que le diera información de todos ellos y preguntando por qué no los dejaba.
—Sé que quieren ayudarme, me gustaría saber bien la razón. Dado lo que conozco de ustedes, es difícil creer que darían apoyo a un vampiro, ese ser que entienden, se dedica a matar.
Célar dijo algo primero.
—Lo hago por lo que me respondiste hace años cuando te busqué.
—Yo… no tengo una respuesta clara a eso. Sé que actúo con el fin de evitar que los vampiros dañen a los humanos.
Las palabras de Clarissa llegaron mucho después luego de mirarlos sin hacerlo en realidad.
—Está bien. La ayuda es buena cuando estás sola y es difícil.
Alanh no pudo decir lo que quería, «Porque quiero que estés bien». No le parecía una buena respuesta, no en esa situación. Sabía que su vida no era mucho cuando no tenía motivaciones altruistas o nobles, después de todo se separó de los cazadores porque no eran lo suficientemente valientes para alzarse sobre los vampiros y erradicarlos de una vez. Por ello quiso hacer la labor de cazador a su modo y por venganza, nada más. Y ahora estaba ahí, escupiendo a su propósito al pensar que una joven que conoció, merecía vivir a diferencia de los demás. No estaba en un camino recto justo ahora.
Célar emprendió su viaje solo, limitándose a hacer lo que un cazador haría, matar a aquellos vampiros que lastimaran a los humanos. Además, ayudaba a otros; se fue del cuartel por lo mal que comenzaron a llevar el deber por el que nacieron todos ellos. Después, las visiones que provocaban la habilidad innata de su familia, le mostraron lo mal que lo iba a pasar el mundo debido a los vampiros. Era un cazador y un cazador debía asegurar la sobrevivencia de las personas, nada más. Fue una suerte que entre lo que vio, notara a alguien que podría ser de ayuda para cambiar la situación por venir; vio lo suficiente ahí y también cuando la conoció la primera vez, supo entonces que, a pesar de su naturaleza, otra dominaba más sobre ella. Eso era lo que lo hacía darle su apoyo. Si el futuro ha de cambiar, su mejor apuesta era unir esfuerzos con Clarissa.
Las palabras de ella no fueron alentadoras, esperaron que por una vez las cosas fueran mejores.
♦ … ♦
Una sola construcción. El alrededor estaba despejado de árboles o flores, solo la hierba hacía un sonido por ahí. El edificio era un cubo perfecto hecho de piedra café grisácea; tenía piedras en punta en el perímetro hacia el techo, los cuatro lados se adornaban con un poste en cada esquina, era parte de la construcción y a la vez sobresalía de ella. A pesar del gran tamaño había poco al interior.
Un cubo más pequeño justo al centro tenía el tamaño de una gran sala, estaba ahí sin nada más alrededor que dos accesos diferentes, uno al frente más allá de la entrada al edificio y otro detrás de la sala que iba directo a la entrada trasera. Estos accesos eran peculiares, pues eran pasillos cubiertos por todos sus lados ahí en medio del espacio sobrante; ellos en su interior lucían diferente a lo demás que era de piedra, pues poseían papel tapiz de color rojo oscuro, el largo de quince metros se adornaba con dos cuadros uno a cada lado del pasillo en su centro, además de tener un par de lámparas tenues para iluminar un tanto las paredes y apenas el suelo de frío mármol.