Eterno Castigo

Capítulo 5: La revancha

Una vez firmado el dichoso contrato, me puse manos a la obra. Y no, no me refería a prepararme para estudiar y cumplir así con mi servicio prestado, sino a urdir mi revancha. Me senté en la orilla de la cama de Raúl y comencé a soltar la lazada que mantenía sujetos mis bambos. Me descalcé y retiré también mis calcetines. Eso despertó la curiosidad de mi vecino "friki".


— ¿Qué estás haciendo? –preguntó con estupefacción.


— Preparándome para estudiar –respondí desafiante.


— ¿En mi cama? –pronunció ahora más furioso.


— ¿Algún problema? ¿O acaso también vas a querer cambiar la forma en cómo estudio? –contesté mientras me desabrochaba el botón de mis shorts, bajaba la cremallera y los dejaba caer con un ligero contorneo de mis caderas.


— ¿Qué estás haciendo? –volvió a repetir con el rubor en sus mejillas esta vez.


— Creía que ya sabías que me gustaba estar cómoda en la cama –dije vacilante aumentando su ira.


— Corrijo, en tu cama. Y esta es mi cama –señaló resaltando el determinante "mi".


— No he leído ninguna cláusula sobre ello. Así que, asúmelo, esta novata te ha dado una lección –solté victoriosa.


— Bueno, vamos a estudiar entonces –dijo aclarándose la voz y tomando asiento sobre su cama, quedando frente a mí.


Lo notaba nervioso, le sudaban las manos y vi cómo le temblablan al pasarme los apuntes. Lo cierto es que yo también estaba algo inquieta y mis dedos no dejaban quieto el mechón de mi pelo que pasaba una y otra vez por detrás de la oreja. "Qué tontería era esta", pensé. No le dejaría ganar esta batalla, Sofía Mendoza era mucho más valiente que el idiota de Raúl Rodríguez.


— Sí, ¿empezamos por Derecho Constitucional o Derecho Penal? –rompí el tenso momento.


— ¿Te han quedado esas? Tendremos que hacer un intensivo, bastante intensivo –reflexionó mi vecino "friki".


— Y alguna más... Pero no pienses que estaré "24/7" en tu cama estudiando –repuse adelantándome a su intervención.


— Eso ha sonado muy mal –esbozó con su sonrisa maliciosa.


— ¡Basta! Tómatelo en serio, menudo profesor estás hecho –contraataqué cogiendo su almohada y lanzándosela.


— Vale, vale. ¡No te pongas agresiva! –exclamó–. Y pon la almohada en su sitio.


Me dispuse a recolocarla en su posición cuando vi algo que guardaba oculto bajo ella. Se trataba de una medalla en la que pude leer el nombre de Óscar Rodríguez y la fecha de nacimiento. Por el año, debía de tratarse de su padre. Ahora sabía que él vivía con su madre, su padrastro y su hermanastro. Pero desconocía cualquier historia de su pasado.


— ¿Y esto? ¿Es de tu padre? –pregunté intrigada por descubrirlo.


— Sí –balbuceó sin dar más explicaciones.


— ¿Por qué la escondes aquí? Podrías llevarla puesta –añadí a fin de conseguir alguna otra respuesta que no fuese un monosílabo.


— No sería buena idea... Y ahora vamos a estudiar –cambió de tema con rapidez.


No quise insistir, pero esta trama me tenía dentro desde el minuto cero. Los dos hermanos tenían un denominador común, les gustaba que descubrieran su mundo no con preguntas simples, sino indagando cual detective. Aunque en el caso de Raúl, no lo veía tan claro. No parecía querer dar demasiadas explicaciones, era muy reservado y eso aumentaba mis ganas de desenmarañar su historia.


Después de largas horas estudiando Derecho Constitucional, había recuperado la constancia y la habilidad mental que en el pasado tanto me ayudaron para llegar hasta donde estaba. Superaría este bache, a fin de cuentas sabía que este estúpido juego serviría para obligarme a recuperar todas las asignaturas pendientes. Y tampoco quería llegar a segundo arrastrando tanta carga teórica, se me haría muy cuesta arriba.


— Por fin, ¿hacemos un descanso? –repliqué algo cansada.


— Está bien, no esperaba aprovechar tanto la mañana –expresó satisfecho por su trabajo.


— No te auto-halagues, que no es por el profesor sino por la alumna –añadí quitándole méritos.


— Te doy la razón. No entiendo cómo siendo tan inteligente, te hayan quedado tantas asignaturas...


— Lo primero, no puedo creer que hayas dicho algo bueno sobre mí –comenté acerca de su alabo por mi capacidad mental–. Y segundo, fue una mala época...


— Bueno, todo pasa. Lo malo se va, y viene lo bueno –me animó revelando otra de sus facetas ocultas.


— Pues necesito que pase cuanto antes –resoplé–. ¿Oye, y como es que no nos hemos visto antes por la uni?


— No sé, no soy muy sociable como ya habrás visto. ¿Por eso me llamas vecino "friki"? –preguntó sonriente.


— Bueno, no es por eso. Es por tu aspecto de "gamer" y friki tecnológico, por los cascos que siempre llevas –expliqué intentando no decir algo que pudiese molestarlo–. Si hasta tienes un sofá en tu habitación para jugar a la videoconsola.


— Pues sólo has acertado en lo de "gamer" y, bueno, lo del sofá que es obvio. En cuanto los cascos, sólo los uso para escuchar música –aclaró Raúl.


— Y, ¿por qué los llevas siempre? –proseguí como si de un interrogatorio se tratase.


— Pues porque la música me ayuda, me relaja y me hace desconectar –musitó no siendo tan frío como habitualmente era–. Y puedo necesitarla en cualquier momento.


— ¡Buena idea! Ahora que ya sé algo más de ti, lo mismo tendré que cambiarte el mote a vecino "gamer" –concluí reflexionando que lo de "friki" parecía de mal gusto y un poco ofensivo.


— Cómo veas, aunque prefiero Raúl –se sinceró–. Será mejor que regreses a casa, es casi la hora de comer.


— Sí, gracias por no invitarme a comer, ja ja ja.


— Bueno, si sigues así te invitaré a comer con Rubén –dijo para motivarme–. Y no salgas sin vestir, no sea que alguien te vea.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.