Eterno Castigo

Capítulo 7: La mentira

Cogí papel y lápiz y me dispuse a anotar todas las cualidades que mi poder detectivesco habían sacado a la luz...

 

- Físico de escándalo
- ‎Extrovertido
- Amante de las indirectas
- ‎Romántico
- ‎Adulador
- ‎Deportista
- ‎Valiente
- ‎Atento
- ‎Detallista
- ‎Fan del striptease

 

Para empezar, lo del sobrenombre de vecino "buenorro" le hacía justicia, bastante justicia diría yo: "Físico de escándalo" y "extrovertido", escribí también ante su facilidad de expresarse. Por otro lado, ya me había dejado claro que le gustaba probar mi capacidad de resistencia, tanto física como emocionalmente: "Amante de las indirectas", "Romántico" y "Adulador", todo a partes iguales.


En su dormitorio pude revelar su pasión por el deporte, y también por fomentar el practicarlo, ja ja ja. "Deportista", añadí. Aunque lo que más me había gustado había sido su valentía al visitarme a casa y entregarme el walkie-talkie para mantenernos comunicados: "Valiente", "Atento" y "Detallista", cualidades que me fascinaban de él.


Pese a ello, era otra de sus aficiones la que me volvía loca. Su gusto por quitarse la ropa cual sex-symbol me derretía por dentro y por fuera. Y no solo se trataba de eso, sino que también adoraba que su espectadora disfrutase de su habilidad. Lo declaraba como "Fan del striptease", al igual que a mí tampoco me costaba reconocer que me había convertido en una fiel seguidora suya.


Me moría de ganas por seguir completando la lista de cualidades de Rubén, pero todo llevaba su tiempo y el tiempo sería el que me dejase descubrir el resto. Mi subconsciente hizo que voltease la hoja y escribiese el nombre de Raúl, seguido de signos de interrogación. Mis dedos guiaron el lápiz plasmando las ideas que tenía en mente sobre él:

 

- ‎Terco
- ‎Antipático ------ Simpático
- ‎Frío
- ‎Irritante
- ‎Rencoroso
- ‎Tímido
- ‎Reservado
- ‎Buen chef
- ‎Le gusta relajarse con música
- ‎Esconde algo sobre su pasado relacionado con su padre

 

Para comenzar, me había demostrado que no era de esas personas que daba su brazo a torcer, siempre conseguía que se hiciese lo que él decía. Y eso acompañado de su tono frío y poco amistoso fue lo que me impulsó a escribir: "Terco", "Antipático" y "Frío". Lo que tampoco soportaba de él era lo irritante que podía ser, lograba sacarme de mis casillas continuamente. Además, era del tipo de gente que te la tenía guardada y eso me hizo recordar a cómo había jugado con su hermanastro y conmigo tras prometernos su ayuda. "Irritante" y "Rencoroso" siguieron el listado.


Su faceta desagradable y su carácter ácido se contrarrestaba con su aspecto tímido y reservado, lo único que lo ponía un poquito nervioso era verme en ropa interior. Eso le incomodaba y de momento era la única carta que jugaba a mi favor: "Tímido" y "Reservado". Por otra parte, una cualidad muy oculta y que probaría todas las mañanas, aunque sonase mal, eran sus dotes culinarias. ¿Qué tipo de chico podía contradecirse tanto? Anoté "Buen chef" en la hoja.


Sin embargo, conforme lo había ido conociendo más en profundidad, lo que su hermanastro me había comentado respecto a que no era tal y como se mostraba se había puesto de manifiesto. Su lado simpático y empático trastocaron mi lista de cualidades, obligándome a tachar su antónimo y anotando en su lugar "Simpático". 


Otra de sus facetas que camuflaba con su aspecto "friki", ahora "gamer", a través de los cascos que siempre le acompañaban se trataba de cómo "Le gustaba relajarse con música". Pero lo que más intrigada me tenía era la medalla escondida de su padre. Como buena estudiante de Derecho, estaba desarrollando mi faceta detectivesca y pensaba utilizarla para ello. Claro que él como buen colega de profesión, tenía bien aprendido cómo defenderse y escabullirse de mis interrogatorios. Pero lo lograría, sin duda, lo lograría. "Esconde algo sobre su pasado relacionado con su padre" puso fin, hasta ahora, a su incomprensible lista de defectos y virtudes.


Mis pensamientos y teorías se desvanecieron en el momento en el que mi madre traspasó el umbral de la puerta de mi dormitorio llena de ira. Mi asombro me hizo despertar del mundo de los listados, y me puso los pies en la tierra. Aunque, mejor dicho, debería haber puesto pies en polvorosa ante lo que se me venía encima.


— ¡Sofía! ¿Qué parte de castigada sin tecnología no has entendido? –chilló cómo si no hubiese un mañana.


— ¡María Luisa! ¿Acaso no me habías quitado todo aparato tecnológico hace un par de días? –contesté con el mismo tono que ella utilizaba en esta discusión. La llamé por su nombre, algo que odiaba. Eso encendió su furia aún más.


— ¿Y esto? –dijo señalando el walkie-talkie situado sobre mi mesilla de noche.


— Eso simplemente sirve para comunicarme con Raúl, nuestro vecino –mentí deliberada e intencionadamente, era otro vecino con el que solía hablar.


— ¡No intentes engañarme! –refunfuñó.


— Si no quieres creerme es tu problema, pero que sepas que he aprovechado el tiempo mogollón... –intenté justificarme.


— Y tanto que lo has aprovechado, desde que otros vecinos vienen a visitarte... –y me lanzó una indirecta que yo no estaba dispuesta a soportar.


— ¡Vamos! ¡Atrévete a decirlo! –la amenacé plantándole cara con lo que ella desistió. Cogí el walkie-talkie y lo encendí con la esperanza de que Rubén no estuviese disponible–. ¿Raúl, estás ahí? –dije con la respiración entrecortada–. No responde.


— Insiste una vez más –me animó mi madre con aliento victorioso como si supiese que respondería en el próximo intento.




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