Mi nombre es Maya.
Tengo 17 años y, aunque mucha gente cree conocerme, la verdad es que nadie sabe realmente lo que pasa por mi cabeza.
Después de un verano que pareció durar una eternidad, volví al instituto con la sensación de que nada había cambiado.
Los mismos pasillos, las mismas miradas y los mismos rumores.
Mi madre insistía en que este año sería diferente, que debía concentrarme en mis estudios y dejar atrás los errores del pasado
Yo asentía, pero no estaba tan segura de poder hacerlo.
Al llegar, vi a grupos de amigos abrazándose y contándose historias de sus vacaciones.
Entre ellos destacaba Nora, la chica más popular de la escuela Siempre parecía perfecta: ropa impecable, sonrisa brillante y cientos de personas queriendo estar cerca de ella.
Sin embargo, cuando nuestras miradas se cruzaron por un instante, noté algo extraño, como si escondiera una tristeza que nadie más podía ver.
Más tarde apareció un chico nuevo.
Adrián
En cuestión de minutos ya había captado la atención de medio instituto.
Algunas chicas sonrieron.
Algunos chicos se pusieron nerviosos.
Y él parecía no darse cuenta.
O fingía no hacerlo.
Aquella misma tarde comenzaron a llegar mensajes sobre una fiesta.
La primera gran fiesta del semestre.
Todo el mundo asistiría.
Incluso yo.
Porque a veces los problemas te encuentran aunque intentes evitarlos.
Y aquella noche estaba a punto de descubrir que algunas personas esconden mucho más de lo que muestran.