Eva

Cap. 5 Resultados de la evaluación

Eva estaba ansiosa de saber si había logrado pasar la prueba, pues el ambiente en el que se movía Apolo Sanders era muy elitista. Estaban entrando a una suntuosa mansión, no sabía lo que realmente iba a ser allí y le preguntó.

—¿Y bien?

—Bien, qué…

—¿Pasé o no lo hice? Aunque creo que se lo creyeron.

—¿Eso piensas?

—Sí, hasta me cayeron bien todos ellos.

—Mira tú.

Entonces le preguntó con curiosidad.

—¿Qué hacemos aquí?

—Aquí vivo.

Ella lo miró sorprendida y le preguntó.

—¿Vamos a vivir juntos?, porque tendrás que hablar con mi padre para eso.

—¡Ja!

Bajó del auto y ella se quedó sentada esperando.

—¡Baja del auto!

—Los caballeros les abren las puertas a las damas.

Esa petulante criatura se las daba de dama y se colocó las manos en la cintura.

—No esperarás que te trate como si fueras mi novia, ¿verdad?

Eva se apoyó en la puerta y le preguntó.

—¿A tus novias las tratas con respeto?

—Escucha… Ha sido una noche muy fastidiosa y… —la vio mirándose las uñas—, ¿me escuchas?

—La manicura en ese sitio es divina.

Apolo comenzó a impacientarse y de mala gana le abrió la puerta.

—Gracias, lindo.

“Insoportable, criatura”, se dijo. Entraron en la casa y ella silbó al ver el lujo.

—¡Es como las casas de las revistas!

Comenzaba a coger un adorno y él, enojado le quitó un florero.

—Deja de hacer eso, me molesta que manosees mis cosas.

Eva le dijo en tono petulante.

—Yo no he tocado tus cosas.

Donald salió en ese momento.

—Hola, ¿y bien?

Eva se adelantó para decirle al apuesto abogado.

—¡Muy bien!

Apolo dijo en tono osco.

—Eso tendría que decirlo yo.

Ella lo miró desafiante y Donald, interesado, esperó su veredicto.

—Bien, se portó bien.

—¿Solo bien? —preguntó ella.

Donald se le acercó a su amigo y le preguntó.

—¿Se la creyeron?

—Bueno…

Vio cómo ella cogía unas estatuillas y les miraba el plan.

—¡Qué rayos haces con eso!

—Quiero saber si dice made in China.

—Estas son cosas originales, no simples falsificaciones —se la quitó.

Donald veía muy irritado a su amigo con la joven que parecía valerle un pepino su molestia.

—¿Entonces?

—Ah… sobre eso —dijo Apolo—, parece que la señorita Monar tiene talento para envolver personas.

—Ajá —secundó ella.

—¿Entonces funcionó?

—Espero repercusiones…

Su móvil sonó y vio que era su madre; les hizo señas a los dos.

—¡Es mi madre!

Atendió la llamada.

—Madre…

—¡Cómo pudiste humillar a Brenda! ¡Con una modelo de cuarta!

Les hacía una seña de que estaba furiosa.

—Madre, estoy ocupado.

—¿Ella está ahí contigo?

Apolo miró a Eva, que estaba atenta al diálogo.

—Sí… Ella está aquí. Saluda a mami, cariño.

Eva tomó el móvil y dijo con mucha diversión.

—¡Hola, suegri!

Donald contenía la risa que eso le daba.

—Soy Eva, la novia de Apolo.

Silencio glacial.

—Deseo tanto tomar unos cocteles con usted.

La mujer con rabia le ordenó.

—Pásame a mi hijo.

—Claro, suegri.

Le devolvía el teléfono y él contestaba.

—Es un encanto de mujer.

—Escucha, Apolo, no te eduqué para que una modelo te cazara, eres un banquete de diosas, no de plebeyas.

—Madre… Debo colgar.

—¡Ni te atrevas!

—Lo siento, tengo cosas que hacer.

—Apolo, usa condón… ¡Usa condón!

Entonces se rio y miró a Donald y le dijo divertido.

—Está que echa chispas.

Eva sonreía complacida y entonces les dijo a los dos caballeros.




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