—Así que Phoebe, ¿eh? —dije, sintiendo cómo la adrenalina empezaba a burbujear en mis venas—. ¡Bien! ¡Está decidido! ¡Iré por ese poder!
Maylo se llevó la mano a la frente y se golpeó la cabeza repetidamente, negando con una resignación absoluta. Era obvio que mis oídos habían filtrado todas sus advertencias sobre muertes y peligros, quedándose solo con la parte de la gloria. Pero, honestamente, ¿qué más daba? Mi camino estaba trazado.
—Maylo... ¿vendrías conmigo? —pregunté, mirándolo con seriedad.
Él entornó los ojos, se puso en pie de un salto y empezó a gesticular como si estuviera dando un discurso en un teatro.
—¡Ni loco! ¡Ni en tus sueños más febriles voy contigo a ver a esa bruja! —exclamó dramáticamente—. Evan, apenas tengo diecisiete años. Tengo una vida muy larga por delante, un futuro brillante... ¡ni siquiera tengo novia! Y de tenerla, tampoco iría. ¿Qué pensarían de mí? Imagínate el titular, "Elfo prometedor muere virgen y sin pareja a manos de una bruja loca". ¡No, señor! ¡Me niego rotundamente!
Caminaba de un lado a otro, negando con la cabeza como si estuviera espantando a un fantasma. Yo no pude evitar que una carcajada se me escapara.
—¡Venga ya! Yo tampoco tengo novia y, a diferencia de ti, nunca me ha gustado nadie —repliqué entre risas—. Además, ¡no me vengas con esas patrañas! No te creo eso de que seas virgen, viejo.
Maylo me lanzó una mirada indignada, pero yo me limité a encogerme de hombros mientras mi risa se apagaba para dar paso a una calma decidida.
—Pero está bien, si no quieres ir, no te voy a rogar. Quédate aquí, en la seguridad de las llanuras —añadí con un tono despreocupado.
Él soltó un suspiro de alivio tan profundo que pareció que se desinflaba, dejándose caer de nuevo sobre la hierba con los brazos extendidos.
—Gracias al cielo... —murmuró, cerrando los ojos—. Por un momento pensé que me arrastrarías a una muerte segura.
Me quedé mirándolo un momento, sabiendo que, aunque él buscaba la paz, mi destino me empujaba hacia la tormenta que Phoebe De le Jeu representaba.
—Está bien, si tanto insistes en que voy a morir, supongo que no puedo detenerte. Pero ahora dime una cosa... ¿cuáles son tus flores favoritas? —preguntó Maylo con una naturalidad que me dejó descolocado.
Antes de que pudiera responder, agitó su mano en el aire y, en un destello de magia elemental, hizo aparecer una pequeña libreta de notas junto con un bolígrafo. Me miró con el bolígrafo listo, esperando mi respuesta.
—¿Qué? ¿Para qué demonios me preguntas eso, Maylo? —solté, arqueando una ceja mientras lo observaba como si le hubiera salido una segunda cabeza.
—Para saber cuáles llevar a tu entierro, obviamente —respondió él, con una calma tan absoluta que resultaba insultante.
Me quedé mudo, fulminándolo con la mirada mientras apretaba los puños. Tuve que hacer un esfuerzo consciente para controlar las ganas de estamparle un puñetazo en toda la cara por lo idiota que podía llegar a ser.
—¿Qué? No me mires con esa cara de pocos amigos, viejo —continuó él, restándole importancia al asunto con un gesto de la mano—. Solo me estoy anticipando. Si esa bruja loca decide convertirte en cenizas por intentar robarle, lo mínimo que puedo hacer como tu mejor amigo es asegurarme de que tu tumba no se vea tan deprimente.
—¡Vaya! ¡Muchísimas gracias por el apoyo, de verdad! —mascullé con sarcasmo—. Sirves para mucho, maldito elfo.
Sin pensarlo mucho, agarré una piedra del suelo y se la lancé con todas mis fuerzas. Maylo, haciendo gala de sus reflejos de elfo, la esquivó con una pirueta elegante y se echó a reír a carcajadas, disfrutando de mi frustración. En el fondo, sabía que esa era su forma de decirme que estaba aterrado por mí, pero prefería ocultarlo tras su humor ácido de siempre.
—¡Ey! ¿En serio esperas que te diga, «Joder, ve y róbale a esa bruja loca»? —exclamó Maylo, su voz cargada de una honestidad cortante—. ¿Y todo para qué? ¿Para que mueras en el intento? Eres mi amigo, Evan. Te quiero, viejo, y no quiero que te pase nada.
Sus ojos reflejaban una preocupación genuina, pero yo, cegado por la rabia y por un ego que me gritaba desde el fondo de mi alma que debía ser el mejor sin importar el costo, respondí de la peor forma posible. Fue una de esas frases que se lanzan para herir, aunque terminen lastimando a ambos.
—¿Y a ti qué más te da? —solté con desprecio—. Tienes una cantidad enorme de amigos, que uno menos esté en tu lista te debería valer una mierda.
El silencio que siguió a mis palabras fue pesado, casi doloroso. Maylo me miró como si no me conociera.
—¡No digas eso, pedazo de imbécil! —rugió, y esta vez no era drama, era furia pura—. ¡Puede que tenga muchos conocidos, pero ninguno como tú! Ellos son una manada de idiotas que solo están por conveniencia, pero tú no... Tú eres mi verdadero amigo, mi mejor amigo, y no estoy dispuesto a perderte por una estupidez.
Me quedé helado. Verlo así, defendiendo nuestra amistad con esa intensidad, hizo que mi rabia se desintegrara en un segundo, dejándome solo con el peso de mi propia estupidez.
—Viejo... lo lamento. De verdad lo lamento —dije con la voz quebrada.
Me levanté del suelo y lo envolví en un abrazo fuerte, de esos que sellan promesas. Maylo correspondió al instante, apretando mis hombros con fuerza.
—Tú también eres mi mejor amigo —añadí—. No quise decir nada de eso.
—Tranquilo, yo sé que a veces hablas de más —respondió él, y ambos soltamos una pequeña risa nerviosa que alivió la presión en el pecho.
—Pero respóndeme algo primero... —dijo Maylo, todavía sin soltarme.
—¿Qué sucede?
—Eso que dije... sonó muy homosexual, ¿cierto?
—Bastante—admití entre carcajadas.
Rompimos el abrazo mientras la risa nos devolvía a nuestro estado habitual, aunque el brillo de preocupación no desapareció del todo de sus ojos.
—¡Ey! No me pasará nada, ¿está bien? —le aseguré, tratando de sonar más confiado de lo que me sentía—. Volveré y seguiremos haciendo nuestras locuras de siempre.
#20795 en Fantasía
#7612 en Personajes sobrenaturales
kitsune, seres sobrenaturales amor magia, dioses brujas demonios
Editado: 24.01.2026