Evan: La historia

CAPITULO 8

Vivo en mis sueños y tú lo has notado. El resto de la gente también vive en sueños, pero no en los propios. Ahí está la diferencia.

-Herman Hesse , Demian

—¡¿Qué hace esta bruja loca aquí?! —gritó Gael, irrumpiendo en el salón con la lanza en alto, apuntando directamente al pecho de Aluca.

Ella ni siquiera se inmutó. Se limitó a mirarlo con un desinterés soberano, como quien observa a un insecto ruidoso.

—Esta bruja loca tiene nombre, ¿okey? —replicó Aluca con una sonrisa perezosa, mientras se sentaba en mi trono con total naturalidad, cruzando sus largas piernas rojas.

—No me importa cómo te llames. ¡Lárgate de este templo ahora mismo o lo próximo que verás será mi lanza incrustada en tu cuello!

Tras mi "charla" en el castillo desolado, decidí que lo mejor era que la tribu Han conociera a Aluca y aprendiera a confiar en ella. Sabía que Gael se lo tomaría mal, pero no esperaba que estuviera a punto de un colapso nervioso.

—Pues para tu mala suerte, no me iré de aquí. Es más, me verás muy seguido por estos pasillos, guapo —dijo ella, guiñándole un ojo con una malicia juguetona. Por alguna razón, Gael se puso rojo como un tomate, aunque no sabía si era de furia o de vergüenza.

—¡Deja tus bromas de lado y lárgate ya!

—No, Gael. No está jugando —intervine, poniéndome entre los dos—. De ahora en adelante, Aluca y yo somos aliados.

Dicho esto, sentí un impacto seco en mi rostro. Gael me había propinado un puñetazo que me dejó tambaleando, totalmente confundido. Me toqué la mejilla, incrédulo.

—¡¿Y eso por qué fue?! —le grité.

—¡Por idiota! —rugió Gael, empezando a caminar de un lado a otro por la habitación, tirándose de los pelos—. ¡¿Cómo se te ocurre hacer negocios con un demonio?! ¡¿Es que quieres que nos devore a todos mientras dormimos?!

—¡Venga ya! No es tan malo —respondí, tratando de recuperar la compostura—. Además, yo también tengo sangre de demonio. Ella no puede hacerme nada.

Gael se detuvo en seco y me miró perplejo, con los ojos casi saliéndoseles de las órbitas.

—¿Cómo que no te puede hacer nada?

—Al parecer, tu querido rey está protegido por la influencia de... —Aluca comenzó a hablar, pero yo me giré rápidamente y le clavé una mirada de advertencia, abriendo los ojos de par en par para que se callara sobre el tema de la sangre de ángel. Ella captó la señal de inmediato—. ...De su extraño poder. Así que no puedo hacerle daño de ninguna manera. Desafortunadamente para mí.

—Bien, ahí lo tienes —le dije a Gael—. Mientras yo esté aquí, ella no hará nada estúpido.

—¿Y qué pasará cuando no estés? ¡Nos matará a todos y escapará con nuestras almas! —insistió Gael, apretando los puños con tanta fuerza que sus nudillos crujieron.

Me acerqué a él y puse una mano firme sobre su hombro para que se calmara. Sentí su pulso acelerado bajo mi palma. Luego, giré la cabeza para mirar directamente a Aluca, quien seguía recostada en mi trono con aire de superioridad.

—Tranquilízate —le dije a mi amigo, pero mis ojos no se apartaron de la súcubo—. Si ella llega a hacer algo así, me aseguraré de buscarla hasta en el último rincón del mundo... y de arrancarle la cabeza con mis propias manos.

Aluca ensanchó su sonrisa, pero esta vez hubo un destello de reconocimiento en sus ojos. Sabía que no era una amenaza vacía.

Aluca soltó un bufido teatral, se levantó de mi trono con una elegancia que desprendía peligro y se acercó a nosotros. Se detuvo a escasos centímetros, lo suficiente para que Gael tuviera que tensar cada músculo de su cuerpo para no retroceder.

—No haré nada. ¿No estamos en una alianza? —dijo ella, mirándome de reojo—. Esto tiene que beneficiarnos a los dos, y sabiendo que eres inmune a mis encantos, no tengo motivos para ir en tu contra, ¿okey? Okey. Ahora, tú... —Señaló a Gael con una de sus uñas largas y afiladas.

—¿Yo? ¿Qué pasa? —preguntó él, visiblemente confundido y manteniendo la lanza como una barrera entre ambos.

—Llévame a mi habitación, guapo —le ordenó Aluca con una sonrisa felina.

Gael me miró a mí, buscando una orden de arresto o una excusa para escapar, y luego la miró a ella. Yo simplemente me encogí de hombros y le hice una señal con la cabeza para que cumpliera con el "encargo real". Al fin y al cabo, ella era nuestra invitada de honor.

—¿Y bien? —insistió la súcubo, acercándose aún más al rostro de Gael—. ¿Me llevarás a mi habitación o prefieres llevarme a la tuya?

El pobre Gael se puso rojo hasta las orejas por las palabras de Aluca. Sin decir una sola palabra, pero con un movimiento brusco que delataba sus nervios, la agarró de la muñeca y la sacó de mi alcoba casi a rastras, mientras ella soltaba una risita triunfal que resonó por todo el pasillo.

Me quedé solo en el salón, escuchando cómo sus pasos se alejaban. Me dejé caer en un diván y suspiré, sintiendo que, por primera vez en días, la tensión en mis hombros cedía un poco.

—Apuesto mi vida a que esos dos terminan juntos —murmuré para mí mismo, esbozando una sonrisa.

Me quedé mirando el techo, pensando en lo extraño que era el destino. Hace una semana estaba siendo golpeado por mi padre y llamado "fenómeno".

Hoy, era un rey con ojos dorados, aliado con una súcubo devoradora de almas y protegido por un ejército que me llamaba leyenda. Pero, sobre todo, me sentía más vivo de lo que jamás me sentí en el mundo de los humanos.

James

—Ahora que Evan está fuera, finalmente puedo poner en marcha mi plan sin distracciones... —murmuré para mí mismo, mientras el brillo de las pócimas iluminaba mi laboratorio con tonos tóxicos.

Me gusta jugar con las pociones, es el único arte que realmente entiendo. Mi último proyecto, aquel híbrido que resultó ser mi propio hijo, no salió tan bien como esperaba. Evan era defectuoso, una mezcla inestable que no pude controlar. Pero este nuevo proyecto... este será un éxito rotundo.




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