Evan: La historia

CAPITULO 11

“En el curso de una ida es poco probable que nadie escape a su influencia. Por eso nos conviene estar preparados. En cualquier instante, hoy, mañana o el año que viene, una mera sucesión de letras pronunciadas en el momento oportuno transformara nuestra existencia para siempre”

-Javier Sierra

¿Quién es Titán?

¿Por qué mi padre lo llamó "el primero"?

Ese nombre retumba en mi cabeza como una campana fúnebre. Al parecer se conocían... ¿Será la sangre de demonio? La sangre maldita que corre en mí alguna vez fue una persona, alguien vivo y con voluntad, alguien que mi padre respetaba y temía a la vez.

Dejo esos pensamientos de lado por ahora. No tengo espacio para más dudas. Regreso al pueblo, caminando entre los cadáveres de mi pasado, para ver una última vez a mi mejor amigo.

Lo encuentro en el mismo lugar en que lo dejé, escondido entre la neblina espesa, esa que parece haber nacido de su propio dolor. Sigue allí, tratando de hallar paz y salir de esa oscuridad a la que mi padre le obligó a llegar. Él no se merecía esto, Maylo nunca hizo nada malo, su único pecado fue ser fiel a alguien tan roto como yo. Al menos, noto que ya no está llorando, y eso me alivia el pecho por un microsegundo.

—¿Maylo?... —susurro su nombre, temiendo que se deshaga con el viento.

Él fija su mirada perdida en mí y, al reconocerme, empieza a llorar de nuevo. Es un sonido desgarrador que no pertenece a este mundo.

—Lo siento, amigo... —mi voz se quiebra—. Te negaste a ir conmigo a la montaña por miedo a morir y aun así... moriste.

Me derrumbo. Me caigo frente a él, golpeando el suelo con mis puños. Soy el Rey del Norte, soy un híbrido con el poder de un ángel y un demonio, pero no pude salvar al chico que compartía sus sueños conmigo bajo el sol del pueblo.

—E... E-evan... —dice Maylo. Es una voz forzada, arrastrada, como si las sombras en su garganta le impidieran hablar.

Lo miro detenidamente. Ha parado de llorar. Y en su rostro, a pesar de estar sumergido en una oscuridad de la que parece imposible escapar, él me sonríe. Es una sonrisa débil, pero es la suya. Lloro aún más, con el corazón hecho pedazos.

—¡Juro que la próxima vez que vuelvas a sonreír, serás el tú de siempre! —grito al cielo, y con eso juro ante el sol que ya no veo y los dioses que me han abandonado que traeré de vuelta a mi mejor amigo a como dé lugar.

Dicen que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Y yo nunca lo olvidaré. Todos hemos vivido algo que nos cambió tanto que nunca volvimos a ser los mismos, yo dejé de ser un niño esta tarde, frente al cuerpo de mi madre. Mi instinto me dice que no me preocupe por lo que he perdido, que solo siga mi camino porque algo más me espera en el futuro. Así que seguí…

Seguí y me llevé conmigo el dolor por la muerte de mi familia, la culpa recargada en mis hombros como una montaña de plomo y el odio que, poco a poco, iba creciendo en mí, alimentando a Titán. De ahora en adelante, las cosas se harán a mi manera y como yo diga. Ya no hay maestros, ya no hay padres, ya no hay reglas. Solo queda mi voluntad.

Sé quién era esta mañana cuando me levanté, pero ahora ni me reconozco… me doy cuenta de que el infierno no es ese lugar de fuego y azufre del que hablan las leyendas. El infierno está aquí, en este pueblo en ruinas, y yo estoy en medio de él, sosteniendo la corona de un reino de cenizas.

Este es mi pecado, uno con el que cargaré el resto de mi vida. Pero rendirse no es una opción. Lucharé hasta traer de vuelta a mi amigo, así tenga que quemar el mundo espiritual y el de los humanos para lograrlo. Así tenga que ser el último en pie sobre la tierra.

Me encuentro caminando sin rumbo fijo. Mis pies se mueven por inercia sobre el suelo embarrado, pero mi mente está en otro lugar, perdida en el eco de los gritos que ya no se oyen. Me siento vacío, un hueco en el centro de mi pecho que supura una ausencia que no sé cómo llenar. Ya no tengo razones para seguir aquí. Pensé que si me convertía en Rey, si alcanzaba el poder absoluto, por fin enorgullecería a mi padre... pero ahora sé que sus planes eran mucho más oscuros de lo que pude imaginar.

Pero… ¿A dónde va uno cuando no quiere estar en ninguna parte?

—A su mente… —responde una voz.

Es una voz profunda, cargada de una sabiduría antigua que, a pesar de haberla escuchado pocas veces, reconocería en cualquier rincón del mundo. Me detengo en seco. ¿Habré hablado en voz alta? No, estoy seguro de que no lo hice.

—Si tan solo mi mente estuviera aquí… —susurro, sintiendo el peso de la fatiga.

Él se ríe ante mi comentario. Volteo lentamente y lo veo, Gon. Está ahí, de pie bajo la lluvia que empieza a amainar, mirándome fijamente. Su mirada refleja una paz envidiable, pero también un desconcierto que no intenta ocultar. Me pregunto qué pasará por su cabeza al ver los restos del chico que entrenó en la montaña.

—¿Qué te tiene tan perturbado, Evan? ¿Acaso hacer justicia es malo para ti? —pregunta con calma.

Él lo vio. Lo vio todo. Desde la grieta que abrió en el aire, desde las sombras del bosque... estuvo observando mi ruina. Ya entiendo.

—Maté al hombre que me dio la vida, el que alguna vez fue mi ejemplo a seguir. No solo eso... maté a mi familia y condené a mi mejor amigo. Me siento el pecado personificado —confieso, y las palabras salen como bilis de mi garganta.

Gon me mira con curiosidad y suelta una risa suave, casi imperceptible. Lo miro con una confusión que me atraviesa el rostro. ¿Cómo puede reír ante este escenario de muerte?

—Le hiciste un favor al mundo, Evan. Tu padre era un monstruo, y si no lo detenías, el mundo sobrenatural estaría condenado —dice, dando un paso hacia mí—. Puede que para lograr eso hayas tenido que matar a tu familia, pero recuerda que ellas ya estaban muertas. En el momento en que James modificó sus cuerpos y sus mentes, todo cambió para mal. Ya no quedaba nada de las mujeres que amabas en esos cascarones de escamas y garras.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.