—Evangeline, cásate conmigo.
Me quedé sin aliento ante tales palabras. Mi corazón se detuvo por un milisegundo para comenzar a latir a toda velocidad. ¿La propuesta era enserio? ¿Albert me quería? ¿Era posible?
—¿Qué? —Fue lo único que salió de mis labios mientras trataba de recordarle a mi cuerpo cómo debía respirar.
Albert me sonrió al tiempo que daba un paso hacia mí. Una de sus manos fue hacia mi rostro para acariciar suavemente mi mejilla. No podía respirar bien por su cercanía. Además, sentía que mi rostro arder.
—Evangeline. Desde el momento en que te rescaté, has movido cada fibra de mi ser. Te has colado en mi vida de tal forma que cuando no estoy a tu lado, pienso en ti, todo el tiempo, cada día a cada hora, en todo momento —Las palabras de Albert solo lograban acelerar cada vez más mi corazón. ¿Era posible ser querida por alguien? Creí que me habían abandonado nuevamente, pero él estaba frente a mí, diciendo palabras, que a mis oídos eran hermosas.
—Entonces, ¿por qué me dejaste en manos de Lord White? —inquirí apartándome de él. Necesitaba respirar y pensar, dos cosas que a su lado me eran imposibles.
—Porque tenías que enfrentarte a tu pasado —respondió Albert dando un nuevo paso hacia mí. Sus ojos, fijos en los míos, me consumían—. Necesitabas enfrentar al príncipe y espero que lo hayas logrado.
Era cierto, había tenido un pasado con el príncipe Alexei, uno que no era el que yo había deseado en primera instancia. Sin embargo, por fin podía comprender a Albert. Podía incluso verlo en su mirada, él se había sentido inseguro por mi pasado con el príncipe.
Está vez fui yo quien dio un paso hacia adelante, quedando a poca distancia de Albert. Mis manos se movieron hasta sus mejillas para que pudiera mirarme fijamente.
—El príncipe Alexei, solo es el pasado a partir de ahora —susurré con una pequeña sonrisa. No podía evitar que mi corazón celebrará el haberme librado de un peso del pasado—. Quiero que tú seas mi presente y futuro —. No sabía de dónde habían salido aquellas palabras, simplemente las había dicho y ya, no obstante, no me arrepentía.
—Cásate conmigo —. Los ojos de Albert brillaron de tal manera que me estremecieron todo el cuerpo.
—Sí.
Fue mi única respuesta.
Un silencio se hizo entre los dos. Antes de poder reaccionar, Albert pasó un brazo por mi cintura y me atrajo hasta él. Sus labios se estamparon sobre los míos dejándome atónita. Mis ojos se abrieron como platos ante el contacto. Albert me estaba besando. ¡Él me estaba besando! Solo un instante después cerré los ojos, posé mis manos en la nuca de mi prometido y me dejé llevar por el beso.
El mismo fue dulce y también lleno de anhelos, como si lleváramos demasiado tiempo esperando por aquel momento. Sus labios me hicieron sentir amada y su abrazo me resguardó. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Por primera vez conocía el amor real.
—No llores, querida —susurró Albert cuando nos separamos un poco. Sus dedos borraron el rastro líquido de mi rostro con una ternura infinita.
—Te amo —susurré antes de abrazarlo. Me aferré a ese pedazo de felicidad que era él y todo lo que me había ofrecido.
******
Holaa, volví al fin 😮💨. Sé que es un capítulo muy corto, pero es que llevo dos semanas con un gran bloqueo y ayer por la noche fue que pude escribir alguito. Espero que les guste. Besos.