Evil nun:terror en el colegio

Capitulo 3 final:La última llave

El aire dentro del conducto de ventilación era viciado y pesadísimo. Mis pulmones ardían por el esfuerzo de mantenerme inmóvil, mientras escuchaba los pasos de la Monja recorriendo el pasillo justo debajo de mí. El sonido de su martillo arrastrándose contra el suelo era como un latido constante de muerte. Sabía que no podía quedarme allí para siempre; la salida estaba cerca, pero me faltaba la tarjeta magnética que ella llevaba colgada al cuello.

​Esperé a que sus pasos se alejaran hacia el ala este y me deslicé con cuidado por una rejilla suelta, cayendo en la biblioteca, un lugar lleno de sombras proyectadas por las estanterías altas. Mis manos temblaban mientras revisaba el mapa; la salida principal estaba bloqueada por un sistema de seguridad que requería dos piezas: la tarjeta del Faraón —o mejor dicho, de la Monja— y un código de seguridad oculto en la oficina del director.

​El destino me obligó a cruzar el patio central, bajo la luz mortecina de la luna. Allí la vi de nuevo. Estaba inmóvil, de espaldas a mí, contemplando la puerta principal como si esperara a alguien. Era mi oportunidad. Me acerqué por detrás, conteniendo la respiración hasta que mis oídos empezaron a zumbar. Cuando estuve a centímetros, mis dedos rozaron la tarjeta magnética. El metal frío chocó accidentalmente contra un botón de mi camisa.

Click.

​Ella se giró en un movimiento inhumano, su rostro retorcido en una mueca de pura maldad. "Te encontré", pareció decir su mirada. Salí disparado hacia la oficina del director, saltando sobre las mesas mientras el martillo destrozaba el mobiliario a mis espaldas. Entré en la oficina, cerré la puerta con llave y la bloqueé con una estantería pesada. Mis dedos volaron sobre el teclado de la terminal, introduciendo el código que había descifrado en las notas encontradas previamente.

Acceso concedido.

​La alarma del colegio comenzó a sonar, un estruendo ensordecedor que parecía burlarse de mi desesperación. La puerta de la oficina empezó a ceder bajo los golpes brutales de la Monja. Corrí hacia el panel de control lateral, deslicé la tarjeta y, con un sonido hidráulico, la puerta principal del colegio se entreabrió apenas unos centímetros.

​Me arrastré por el hueco mientras el martillo de la Monja atravesaba la madera de la puerta de la oficina justo donde mi cabeza había estado un segundo antes. Sentí su aliento gélido y el roce de sus dedos largos y huesudos en mi tobillo cuando estaba cruzando el umbral. Con un último impulso, me liberé y caí al césped del exterior, rodando por la colina hacia la oscuridad del bosque.

​No me detuve a mirar atrás. El colegio, ahora iluminado por las luces de emergencia, parecía una monstruosidad devoradora en la noche. Había escapado, pero mientras corría hacia la carretera, me quedó claro que aquel lugar no era una simple escuela; era el origen de algo mucho más oscuro, algo que todavía estaba acechando en las sombras del edificio. El horror de Evil Nun solo había terminado para mí, pero para aquel lugar, la pesadilla apenas comenzaba a gestarse.




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