Eximius

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Capítulo I

Internado Nacional Cicognini

Prato-Italia

06 de Julio de 2013

Tenía cuatro años cuando mis padres murieron y siete años cuando subí a un avión por primera vez. Aún recuerdo el momento en que llegué a este lugar, sentía tanto miedo. Estuve sola la mayor parte del tiempo, nunca fui buena para relacionarme. Logré pasar toda la primaria bajo perfil, no molestaba a nadie y nadie me molestaba a mí, no podía quejarme. La secundaría, por otro lado, fue difícil, las chicas de este instituto desarrollaban un alto complejo de superioridad en las vacaciones.

Debido a mis bajos recursos, no me era permitido ir a casa en las vacaciones de verano o navidad, la beca no pagaba esos gastos, y mis abuelos no se tomaron la molestia de visitarme durante ese tiempo. Mi hermana y mi tía tampoco podían venir, no llegaban a costear los pasajes de avión ya que son costosos, pero siempre que podía llamaban, me video-llamaban, me  enviaban correos para procurar estar siempre en contacto conmigo y saber de mí. Se sentían culpables por no poder contradecir a los abuelos. Jamás las culpe por eso y siempre trate de dejarles claro que nunca pasó en mi mente culparlas con respecto a nada.

Mis abuelos por otro lado, nunca les importó mucho lo que se refería a mis sentimientos, para ellos lo único importante era mi educación y aún más mi educación religiosa, es la razón por la cual decidieron internarme en un instituto con fuertes bases católicas, en lo que a mí respecta esto era lo más parecido a una cárcel, una elegante y religiosa, pero una cárcel a fin de cuentas.

Sin embargo, cuando llegó la Hermana Donna y su sobrino Kevin, mi perspectiva cambió. La hermana Donna era lo más parecido a una madre que sentí y su sobrino se convirtió en mi mejor amigo y confidente. Un año después llegó de un intercambio, María, mi compañera de cuarto. Desde ese momento dejé de sentirme sola y ellos se volvieron mi familia. Y aunque en este momento estoy ansiosa por volver al fin a casa, siento tristeza por alejarme de ellos. –

Apilo mi ropa en la maleta y cuando veo que no es capaz de soportar más, intento cerrarla. Escucho fuertes pisadas y una lejana conversación en español y sé antes de que se abra la puerta que se trata de María Ventura, mi compañera de cuarto. Una venezolana muy agradable, un poco extravagante, pero muy divertida.

Estoy bien mamá… Si, si, iré a visitar a mi tía Carmen en Florencia* – Hay un silencio, antes de que continúe hablando. María me da un saludo mudo muy entusiasta, mientras sigue hablando por teléfono con su madre y busca lo que parece ser  un vestido negro muy ajustado de tirantes en su armario para dejarlo en su cama y sentarse. Veo mi reloj, dándome cuenta que se me está haciendo tarde para llegar al aeropuerto, así que vuelvo a mi tarea de  intentar cerrar esta condenada maleta.

No te prometo nada mamá –dice con diversión y se escucha una fuerte risa del otro lado del teléfono, seguido por una sucesión muy rápida de palabras en español que no logro comprender. María y su madre, la señora Sofía, son la mejor relación de madre-hija que conozco. Son como mejores amigas. Siempre creí que si mamá estuviese viva nuestra relación sería algo así. No la recuerdo mucho, pero Lucie me cuenta lo hermosa y cariñosa que era con ambas y lo mucho que amaba a nuestro padre.

Oh! si, aquí esta. Sky– giro cuando dice mi nombre   

–Mamá te manda saludos…-Me dice en italiano, señalando su teléfono. –Tu solo sigue con eso– señala la maleta en mí cama con solo la mitad cerrada– yo voy diciéndote lo que me dice.

No conozco a la madre de María en persona, pero siempre que llama a su hija me manda uno de sus muy largos saludos. Es una de las cosas más lindas y aunque entiendo muy bien el español, María siempre dice que es mejor que su mamá no sepa o quien sabe cuánto duraría aquel saludo si ella simplemente supiera que entiendo el idioma. Aún recuerdo lo que me dijo aquella vez.

–Podría hablarte de como el gato de la vecina trato de montar a nuestra chiguagua dos veces o de cosas vergonzosa que hace cuando esta aburrida o yo que sé… –cierra sus ojos por un segundo como pensando que más podría decir su mamá y hace un leve estremecimiento– Definitivamente es mejor que  no lo sepa

Así que María tomo la regla del Internado para darle credibilidad a sus palabras: “Todas nuestras internas deben conocer el idioma italiano y es el único que hablaran en nuestras instalaciones” es la razón por la cual las chicas son ubicadas con otras que no hablan el idioma su compañera de habitación, así que para comunicarse tendrían que hablarse en italiano. Excesivo pero bastante efectivo. Así de esta forma, la madre de María procura dejar mensajes “más cortos” hacia mi.




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