Exodo

Capitulo 3:El desafio y las primeras señales

Moisés regresó a Egipto junto a su hermano Aarón. Ya no era el príncipe que huía, sino un anciano portador de un mensaje que el Faraón no quería escuchar. Se presentaron ante él con un pedido simple, cargado de una urgencia divina: "Deja ir a mi pueblo para que me celebre fiesta en el desierto".

​El Faraón, sentado en su trono, los miró con desdén. "¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel?", respondió con soberbia. No solo se negó, sino que, como castigo por la insolencia, ordenó que la carga de trabajo de los hebreos se duplicara: ya no se les daría paja para los ladrillos, pero debían entregar la misma cantidad de producción.

​El pueblo, desesperado y humillado, se volvió contra Moisés. El ambiente en Egipto se volvió pesado, irrespirable.

​Entonces, las señales comenzaron. Aarón lanzó su vara ante el Faraón y esta se convirtió en una serpiente. Los hechiceros del Faraón, usando sus artes ocultas, hicieron lo mismo con sus propias varas, pero la vara de Aarón devoró a todas las suyas. Aun así, el corazón del Faraón se endureció; se negó a escuchar.

​La primera verdadera plaga golpeó el corazón de la vida egipcia: el Nilo. Aarón extendió su vara sobre las aguas del río, frente al Faraón y sus servidores. Ante sus ojos, toda el agua del Nilo se transformó en sangre. Los peces murieron y el hedor invadió toda la tierra. No había agua potable en todo Egipto; los egipcios cavaban desesperados junto al río buscando agua, pero el líquido vital se había convertido en un fluido viscoso y letal.

​Pero el Faraón no cedió.

​Una tras otra, las plagas comenzaron a caer como un juicio implacable: ranas que invadieron cada rincón, cada casa y cada lecho; piojos que surgieron del polvo de la tierra, cubriendo a hombres y animales; nubes de moscas que oscurecieron el cielo y devoraron los cultivos.

​Con cada plaga, el Faraón llamaba a Moisés, suplicando que detuviera el horror, pero en cuanto el alivio llegaba, su orgullo volvía a cerrarse. La tierra de Egipto, el imperio más poderoso, se estaba desmoronando bajo el peso de un poder que no podía controlar. La pesadilla apenas estaba comenzando.




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