El anillo con el que nos había traído se iluminó y con un gesto de la mano Mitnick reunió cientos de fotones que se unieron para recrear una imagen a nuestro alrededor, parecía que nos habíamos introducido en la cámara de un satélite enfocado hacia un planeta morado. Fuimos pasando entre cámaras de satélites, bajando hacia la atmósfera a una velocidad vertiginosa y atravesando cada capa hasta introducirnos en las cámaras del laboratorio del que Kaguya y yo habíamos escapado. Los fotones a nuestro alrededor recreaban todo a la perfección, tanto que parecía que me había trasportado de nuevo a ese infierno.
Entonces Mitnick hizo retroceder las imágenes con un gesto de su mano a una velocidad apabullante, solo se podía ver un fogonazo. Hasta que se detuvo en las grabaciones más antiguas. Los Deus estaban desmayándose en el suelo, todas las alarmas estaban activadas. Entraron algunos con trajes protectores para llevarse a los caídos. Una voz avisaba de una evacuación inmediata en constante repetición.
—He ido demasiado atrás —comentó Mitnick.
Mitnick volvió a avanzar la grabación y se detuvo más adelante. El profesor estaba allí con algunos compañeros discutiendo, no se entendía bien lo que decían, pero por los exagerados gestos debía ser algo importante.
—Más o menos por esas fechas es cuando se retiraron de múltiples planetas conquistados. La enfermedad les pasó factura y prefirieron centrarse en la genética. Mejor te enseño las otras cámaras para que lo entiendas.
Cambió a un nuevo cuarto y luego a otro y a otro hasta dar con un gran almacén plagado de celdas con seres de todas las especies en cautiverio. Mitnick hizo zoom en una de las celdas y allí estaba él.
—Reunieron a miles de especímenes para modificar su genética y volverse inmunes a la enfermedad que les había asolado. Entre ellos yo, me separaron de mi familia. Perdí la cuenta de los años que estuve allí. No volví a encontrar a mis padres, seguro pensarían que estaba muerto o a saber.
De nuevo avanzó la grabación. Él seguía en el mismo cubículo. Alejó la imagen y esta vez enfocó a otra celda. En ella se encontraba Yariat como una gran masa que ocupaba cada recoveco de su celda.
—Nunca habría podido escapar si no fuera porque atraparon a esa masa.
Entonces se vio como derretía la celda y escapaba dividiéndose en miles de segmentos. Todas las celdas se vieron afectadas. Se produjo una estampida general. Y en esos momentos Mitnick escapó. Los Deus no pudieron contenerlos a todos. Mitnick paralizó la grabación y parecía que había parado el tiempo en torno a nosotros.
—Tuve suerte supongo. Los Deus no tienen ética, solo piensan en sí mismos y en las mejoras genéticas que pueden hacerse para sobrevivir. Lo han hecho así durante milenios, incluso antes del virus, tantos que nadie sabe cuál es la apariencia original de su especie.
Mi corazón se sacudió como un presentimiento.
—A vosotros os contenían cerca unos de otros —dije—, a mi hermana y a mí nos mantenían por separado. Quizá temían que hubiera otra brecha y por eso nos aislaron. Enséñame el resto de salas en las fechas en las que yo me encontraba allí. Quiero saber más.
Pasó la grabación años hacia delante después de la brecha de contención. Fue pasando de sala en sala hasta que le pedí que se detuviera en la que se encontraba Yung. A su lado se encontraba otra celda con la bestia que montaba el profesor, Percora. Esta última repetía los movimientos de Yung y hasta imitaba sus rugidos. Los Deus apuntaban cada reacción. Luego experimentaban cambiando factores como aumentar la temperatura o disminuirla a niveles extremos, aumentando la gravedad o llenando las celdas de ácidos. Yung salía ileso de todo, mientras que la bestia a su lado terminaba muy dañada. Definitivamente aquella cosa era un prototipo de Yung que no habían terminado por el escape de este. Lo que no comprendía es porque no habían conseguido otro casladia para el experimento, pero me imaginaba que debía ser porque buscaban ciertos valores específicos para imitarlos, no le valdría cualquiera.
Mitnick pasó a las grabaciones de otras salas y le frené en cuanto vi una repleta de bolsas amnióticas con fetos podridos o deformes, solo uno estaba en perfectas condiciones: era Kaguya flotando desnuda en un líquido. Se deshicieron de los defectuosos, cientos de intentos fallidos eran tirados a la basura o quemados vivos hasta que dejaban de tener espasmos. Algunos clones estaban lo suficientemente desarrollados como para romper la bolsa con sus propias manos y salir deslizándose, para luego que los Deus los arrastraran del cabello y los ahogaran con su propio líquido amniótico. Me revolvió el estómago y preferí no mirar nada más, no quería saber más. Me golpeé la cabeza con la mano para intentar olvidar lo que había visto. Escapé de la grabación lo más rápido que pude hacia Kaguya y la estreché entre mis brazos, lloraba sobre su hombro sin control. Ella se limitó a pasar su mano por mi cabello.
—¿Qué ha pasado? —preguntó ella.
Sylkie no sabía que decir. Mi reacción era tan repentina que ella también estaba a punto de llorar por verme así.
Cerrando los ojos podía repetir aquellas imágenes, todos mis clones tanto masculinos como femeninos asesinados por capricho de maneras horrendas. La cabeza me iba a estallar. Los Deus eran peores que monstruos, el odio hacia ellos me ahogaba cada vez más.
Necesitaba contarle todo a alguien, pero Kaguya no debía enterarse, no quería verla sufrir. Sylkie colocó su mano sobre mi espalda. Y en ella vi la oportunidad de desahogarme.