«El paso a paso para construir una casa es idéntico a la edificación del templo de Dios en tu interior».
Es bien sabido que Dios es el mayor Ingeniero de la historia; Él es el autor de los planos del mundo. Él estableció las medidas y las proporciones perfectas para la creación.
«¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?» (Isaías 40:12).
El llamado a predicarRecuerdo que, tras llevar un par de semanas en el grupo de misioneros, el pastor guía —quien nos instruía en el ayuno y la mayordomía— me eligió para compartir el siguiente mensaje con mis hermanos. Aunque me alegré, sentí un peso enorme. Era mi primera tarea oficial y la sentía como una exposición determinante. Me encerré en mi cuarto, abrumada por la duda.
¿De qué hablaría? Jamás había predicado y mucho menos investigado las Escrituras con profundidad. Me sentía neófita, casi al borde de las lágrimas. El orden de la vida misionera me resultaba abrumador; yo, que venía de vivir en el caos, durmiendo y despertando a mi antojo, me encontraba ahora bajo una disciplina estricta.
Mientras el estrés me consumía, mi compañera de cuarto, Doris —una mujer de caminar recto en el Señor—, entró y me dijo:
—«¿Ya oraste? Pídele sabiduría a Dios. Ruega que Su Espíritu derrame en ti entendimiento sobre el tema que Él desee imponer, y verás que te lo dará».
Sus palabras fueron la voz de Dios para mí. Esperé a que saliera y me entregué a la oración. Al terminar, las ideas comenzaron a llover sobre mi mente como un destello imborrable. Dios me mostró una obra en construcción; era una casa, y pude ver con claridad cada etapa del proceso:
El proceso de la Construcción Divina1. Elección del terreno (La Elección)
Dios nos elige. Los elegidos son aquellos que aceptan Su voluntad; corazones imperfectos que se rinden en Sus manos y confían en que Su gracia los sostiene.
«Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa...» (1 Pedro 2:9).
2. Limpieza y explanación (La Purificación)
Dios limpia el terreno de nuestra alma, corta las raíces del mal y nos nivela para llevarnos a un nuevo estándar espiritual.
«Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu» (Salmo 51:10).
3. Excavación (Lo Profundo)
Dios excava en nuestros corazones. Solo Él conoce la profundidad real de nuestras intenciones y heridas.
«...el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo» (Salmo 64:6).
4. Cimentación (Obediencia)
Escuchar y obedecer es la única forma de asentarnos firmemente en nuestra relación con Él. Sin cimientos de obediencia, la estructura cae.
«Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos» (Juan 14:15).
5. Fundición (Transformación)
Dios nos transforma en un edificio fortificado, con muros inquebrantables fundados sobre la Piedra Angular.
«...siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular» (Efesios 2:20).
6. Esqueleto de la casa (Sustento)
Dios es la estructura que nos mantiene erguidos. Él es nuestro soporte diario, tanto física como espiritualmente. Nuestro cuerpo es Su templo.
«¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo... Ustedes no son sus propios dueños?» (1 Corintios 6:19).
7. Instalación del aislamiento (Protección)
El Señor levanta muros a nuestro alrededor para aislarnos del peligro y de las acechanzas del enemigo.
«Señor, líbrame de los malvados; protégeme de los violentos...» (Salmos 140:2).
8. Acabados (Perfeccionamiento)
Él es fiel para terminar lo que inició. Si somos obedientes a Su voz, Él pulirá cada detalle de nuestro carácter.
«...el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6).
9. Final de la obra (Maranatha)
La obra terminada se manifiesta en una vida de santidad y fidelidad. La conclusión de este proceso se resume en una esperanza gloriosa: ¡Cristo viene pronto!
«Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Hebreos 12:14).
Reflexión finalHermanos, procuremos cumplir con el orden establecido. Guardemos Sus estatutos en nuestros fundamentos, pues solo así podremos agradar al Señor de la Gloria.