Expediente Biblico

CAPÍTULO VI.

El perfume agradableCómo agradar verdaderamente a Dios

​El Señor es muy específico en cuanto a lo que le agrada. A menudo me pregunto por qué el ser humano complica tanto las cosas; aunque, en realidad, sabemos que es el adversario quien busca enturbiar nuestra relación con el Padre.

​Durante mi tiempo en Ecuador, nunca imaginé que caminaría tanto para encontrar una congregación que impartiera una sana doctrina. Lamentablemente, la verdad es que es difícil hallar un lugar donde se haga plenamente lo que al Señor le place.

​Debemos recordar que nuestra vida debe ser un incienso fragante ante Su altar. Para ello, debemos considerar lo siguiente:

  • La integridad sobre la charlatanería: A Dios no le agradan los labios de doble moral. Mentir y blasfemar es considerado adulterio en la fe. Si usted es testigo del engaño de un hermano, debe amonestarlo; de lo contrario, se convierte en cómplice ante los ojos del Señor.
  • La santidad en el liderazgo: El Señor aborrece el desorden moral en Sus pastores. Un guía espiritual debe ser ejemplo de fidelidad; el adulterio y el desprecio por el pacto matrimonial son ofensas directas a Su santidad.
  • Adoración, no espectáculo: A Dios no le agradan las danzas diseñadas para el entretenimiento del público ni los conciertos donde se cobra entrada. La adoración es sagrada y debe nacer del espíritu para el Creador, no para el deleite de espectadores. Si se danza o se canta, que sea para que toda la congregación se una en un mismo sentir hacia Él.
  • La libertad en la ofrenda: No se debe exigir al pueblo cuánto dar. El diezmo y la ofrenda son propósitos que Dios pone en el corazón de cada persona. El que da, que lo haga por convicción; el que no tiene, Dios conoce su condición. Es un asunto de honor entre el siervo y su Señor, no una imposición del pastor.
  • El respeto por lo sagrado: Es un robo ante los ojos de Dios utilizar los recursos del Reino para lujos personales.
  • La inclusión de los niños: No aparten a los niños durante el culto, porque de ellos es el Reino de los Cielos. ¡Ay de aquellos que los aíslan de Su presencia! Enséñenles con amor a integrarse y a despertar su pasión por la Palabra desde temprana edad.
  • La coherencia espiritual: No caigan en la hipocresía de gritar a voces si no tienen comunión real con Dios. No impongan manos sobre otros si ustedes mismos no han sanado de sus propios males (lujuria, mentira, codicia o chisme).
El sacrificio en lo secreto

​Hermanos, el mensaje es claro: si vas a adorarlo, que sea desde la intimidad de tu aposento.

  1. En la oración: Busca la privacidad; tu conversación con Dios es un acto sagrado que no necesita testigos.
  2. En el ayuno y la vela: Lávate la cara para que nadie note tu sacrificio. Lo que hace tu mano derecha, que no lo sepa la izquierda.
  3. En la generosidad: Que nadie sepa cuánto entregas; esa cuenta solo le pertenece a Dios.
  4. En la actitud: Al Señor le mueve un corazón dispuesto y conmovido. La postración física es el reflejo de una carne doblegada que Él no puede resistir.

​Seamos, pues, un buen incienso para el Señor.




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