«Cuando el propósito de Dios se manifiesta, Él no escoge diamantes pulidos, sino piedras en bruto».
Esta visión la recibí mientras aún me encontraba en Motupe (Chiclayo, Perú). Íbamos todos los hermanos en un bus camino al mercado. Yo estaba sentada en la parte trasera, acompañada por los dos hermanos más jóvenes del grupo. Tenía mi diario en las manos cuando algo extraño ocurrió: mis oídos se desconectaron del entorno y ante mis ojos se extendió una neblina inmensa. Sentí que mi mente era trasladada a otro lugar.
La visión del caudalVi un caudal de agua cristalina que caía desde dos montañas altísimas, cuyas cimas se perdían entre las nubes y la neblina. En medio del caudal, dispuestas en una fila horizontal, asomaban siete rocas. Todas tenían poros por los cuales absorbían el agua y respiraban. Sin embargo, las siete estaban marcadas por defectos:
De pronto, una voz surgió de la nada, pareciendo emanar de las mismas aguas, y me preguntó:
—«¿Qué piedra crees que debo reemplazar?».
Me mantuve en silencio, abrumada. Luego de un instante, respondí:
—«Señor, sé que eres Tú y Tu voz me calma, pero siento temor. Temo que me apartes de Ti. Veo que todas las piedras tienen defectos; si es Tu voluntad, reemplázalas a todas».
La voz me respondió al instante:
—«No las quiero reemplazar, porque mi Padre puede limpiarlas y curarlas a todas. Así como las personas se enferman, también mis piedras se enferman: se cuartean, se rajan y se desfiguran... pero la misericordia del Señor es grande y todo lo sana. Mis ángeles están ahora con ustedes. Las piedras no ensancharán más sus poros, sino que respirarán según la voluntad del Señor. Absorberán el agua de vida y darán de beber con abundancia. Ya no habrá moho, ni espinos, ni diamantes que quieran sobresalir, porque Dios las quiere así: sencillas. Solo Dios brilla en la oscuridad».
ReflexiónTras la visión, la plasmé de inmediato en mi diario. Me pregunté si cada piedra representaba a alguien del grupo o si era una enseñanza general. En cualquier caso, sentí que Dios respondía a mi oración, pues yo me sentía inferior por ser la más inexperta en las cosas del Espíritu.
Me asombró descubrir tiempo después que en la naturaleza existen piedras que parecen "respirar" y crecer, como los trovants de Rumania. Pero más allá de lo natural, me quedo con la promesa de ser una piedra viva en Su edificio:
«Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual...» (1 Pedro 2:4-5).