Una alienigena de pelaje azulino le tiro a Hela un vaso de agua fría para que despertara.
La niña abrió los ojos con horror y observo todo a su alrededor.
La habitación era pequeña y mal ventilada. No había camas pero sì unas colchas con frazadas.
-¿Què es este lugar?-pregunto Hela asustada.
-La habitación de las prosarias-le respondió la mujer de piel azul mientras se sentaba frente a ella.
-¡¿Què?! ¡Quiero salir!
La otra muchacha esbozo una sonrisa melancólica, recordó cuando ella también quería escapar.
-Se nota que eres nueva-le dijo.
-¿De què habla?
-Te lo resumiré así: una vez que entras, jamas vuelves a salir.
Hela se sento, abrazo sus rodillas y se echo a llorar con amargura.
-¡Quiero a mi mamà!-exclamo.
-Pobrecita. No llores, cariño-dijo mientras la abrazaba.
La puerta de la habitación se abrió de golpe y un guardia vestido de negro empujo hacia adentro a una mujer de piel verde, ojos amarillos y cabello verde claro que provenía de un planeta lejano.
-¡Desgraciado!-le grito furiosa.
-Ula, ¿otra vez?-le pregunto la de piel azul-. Ya es la cuarta vez que intentas golpear a un cliente.
-Se lo merece por...-se detuvo al notar a Hela-¿Quièn es?
-Acaba de llegar-contesto-. A penas es una niña.
-¿Còmo te llamas?-quiso saber Ula.
-Me llamo Hela-murmuro entre lagrimas-. Quiero a mi mamà. Quiero irme a mi casa.
Las dos prosarias se miraron apenadas porque sabían que huir del club era una misión suicida. Ula lo había sufrido en carne propia los castigos por su desobediencia.
-Guarda energías-dijo Ula-. No te sirve de nada gritar ahora.
-¡Mamà!-exclamo Hela desesperada-¡Papà!
El comprador de Hela ingreso al cuarto con una expresión de pocos amigos.
-¡Te quieres callar!-exigió furioso.
-¡Quiero regresar a mi casa!-le grito levantándose de golpe.
-¡CALLATE!-le grito y la golpeo en la cara.
-Señor Kors, solo es una niña-dijo la alien azul.
-¡Que aprenda a callarse o la mato!-grito colérico, soltó varias obscenidades y se retiro.
-Hela, cariño es mejor que te tranquilices-dijo Ula.
-Mami...mami-susurro Hela entre sollozos hasta quedarse dormida.
A ambas prosarias se les estrujo el corazón.
En un edificio gubernamental, un hombre alto, calvo, de ojos avellanas y tez morena ingreso a la sala de observaciones. Su secretaria, una mujer de cabello rojo, ojos negros y piel trigueña le tendió un informe detallado sobre sus investigaciones.
-¿Còmo vamos?-le pregunto mientras se paraba frente al enorme ventanal que le daba una vista al interior del recinto.
-Se le extrajo el adn casi por completo, señor Caizza-contesto la secretaria.
-¿Se sospecha de algo?
-Negativo. Un ex-Legion Rider nos propicio el ejemplar.
-Un miembro de la raza Vulcanus de la Galaxia Serpiente Mayor. Una de las especies màs poderosas y peligrosas, su alcance de poder es incluso superior a los mikala. Es perfecta para nuestro experimento.
Un científico de aspecto desaliñado salio del interior de la sala de monitoreo donde se encontraba la alien, y le estrecho la mano al miembro del Consejo.
-Por desgracia la extraterrestre murió, no podemos continuar-informo el científico.
-¿Existe la posibilidad de mezclar el adn con otra raza?-quiso saber Caizza restandole importancia a la muerte del alien.
-Es muy difícil conseguir muestras de otras especies-explico el científico mirando la camilla vacía-.La entrada de razas alienigenas están muy controladas, y si los emperadores se enteraran podríamos entrar en una guerra.
Caizza bufo y se cruzo de brazos, medito unos segundos antes de hablar:
-No hay màs remedio, usaremos humanos.
Tanto la secretaria como el experto intercambiaron miradas horrorizadas.
-¿Hu...humanos?-repitió la secretaria.
-Doctor Hizan, procure encontrar al humano indicado-ordeno Caizza antes de marcharse.
-Si, señor.
La secretaria se le acerco alterada.
-Doctor Hizan, ¿està loco?-replico la mujer-.No podemos usar personas.
-No tenemos opción, si usamos aliens tendremos una guerra perdida. Los alienigenas tienen tecnología mucho màs avanzadas que nosotros.
-Pero tampoco podemos usar humanos, es poco ético.
-Nadie va a enterarse. Intenta comunicarte con los Barrios Bajos y que consigan una prosaria.
La secretaria afirmo con la cabeza y salio a tratar de cumplir la orden de conseguir una mujer de la noche para que se sometía contra su voluntad a un experimento del gobierno, con una taza de letalidad del 90%.
Mientras tanto en el planeta Mikala, Reegar no dejaba pensar en ese sueño tan extraño y en su significado.
¿Ese niño estaría destinado a algo grande?
¿Y por qué se estaba dejando llevar por las premoniciones de una adivina?
Su raza jamás le perdonaría casarse con una humana y menos procrear ya que los terrícolas eran considerados seres inferiores en todos los aspectos.
-Si que estás asustado, capitán-se burlo James.
-No sè de que hablas-replico.
Reegar se unió a sus compañeros de escuadrón en el entrenamiento físico con aparatos de ultima tecnología. Estaba conformado por cuatro mujeres y cuatro hombres, todos tenian casi la misma edad y se conocían todos desde niños.
-Yedì pelea contra Jan, Gendi vas contra Bibam. Nàx tu vas contra Kiad, y James contra mi.
Los nombrados asintieron con la cabeza sin chistar. Todos consideraban a Reegar un gran líder. Por su parte, Yedì y Nàx no podían evitar sentirse atraídas por èl, no solo por su fuerza sino también por su inteligencia.
-Capitán Reegar hace un rato que regreso de una misión, ¿no quiere descansar un poco?-quiso saber Yedì.
James codeo a su jefe son picardia.
-Señorita Yedì, agradezco su preocupación pero el sub-capitán y yo ya descansamos-comunico Reegar con frialdad-. Regrese a su entrenamiento.