La semana fue muy tranquila. La operación de Uri había sido un éxito, Noir estaba respondiendo favorablemente, Ryhol habia sido uno de los primeros en ser dados de alta, y Reegar ya podía caminar por su cuenta.
James estaba en el cuarto de su amigo hablando trivialidades cuando vieron ingresar al general Kaame acompañado de sus hijas y su nieto.
El general observo a su hijo por un largo tiempo antes de informarle el fallecimiento del comandante Mu Thai y Hela; pudo notar el cambio en la expresión en el rostro de Reegar, una expresión muy pocas veces vistas por todos los presentes.
-Necesito que se retiren-dijo Reegar con una voz extraña-.Menos tu, James.
Después de que todos se marcharan, un silencio sepulcral invadió el recinto.
Los ojos de Reegar, que siempre se mostraban fríos y distantes, se cristalizaron. Una lagrima de tristeza bajo por su mejilla derecha, y luego comenzó a llorar con fuerza.
Hela se había convertido en alguien muy especial para èl hasta el punto de querer pasar màs tiempo con ella. Pudo suponer su historia luego de haberla conocido en el club nocturno. Llego a admirarla por su fortaleza y determinación.
Era la primera vez que tenia ese tipo de sentimientos ya que para su raza las emociones no eran del todo importante. Le deba miedo y curiosidad esa extraña conexión con Hela.
-James, ¿por què estoy llorando?-se animo a preguntar Reegar.
-Porque amabas a Hela.
-Pero no nos conocíamos.
-Quizas lo poco que habían hablando, fue màs que suficiente para que se enamoraran.
-No sè que debo hacer.
-Eres fuerte.
-Físicamente pero ella vivió un infierno desde hace tiempo, y pudo seguir adelante a pesar de las adversidades. Cualquiera en su lugar hubiera enloquecido.
Tanto James como Reegar continuaron llorando la muerte de sus amigos.
Desde afuera los estaban observando Kaame y sus hijas. Las muchachas estaban màs que sorprendidas de ver asì a su hermano menor.
-Papà tu hubieras reaccionado de la misma manera-comento Ankaa acunando a Vuk mientras miraba a el gesto de su padre-.Yo también me enamore de mi esposo.
-Pero es el arma de los humanos-replico el general.
-Mi hermano lo sabe pero se fijo en ella por lo que es, no por lo que representa-explico Polaris-.Cuando hay amor verdadero, las razas no son un impedimento.
Lo que ellos no sabían era que Adhara los estaba escuchando detrás de una pared. Su amor estaba enamorado de alguien màs y eso no lo permitiría.
Un sentimiento de celos y odio invadió a la princesa hasta el punto de desearle una muerte horrible a Hela si no era que ya estaba muerta.
No iba dejar que nadie interfiriera entre ella y Reegar, por lo que se retiro para idear un plan sin fallas.
Una nueva semana paso con lentitud.
Hela estaba meditando cuando sintió que alguien abría la puerta con brusquedad, y se sorprendió de ver a su maestro arrancándole las esposas.
-Maestro-murmuro.
-Ya es hora, ¡Vayámonos!
Ambos salieron corriendo mientras usaban sus poderes para aparatar a sus contrincantes.
-¿Que haremos?-quiso saber la niña.
-Naì Nai convenció a varios soldados para unirse a nosotros, y Hizan esta ayudando robando varias muestras del laboratorio-explico con una sonrisa-. Estamos aprovechando que el Consejo esta en el planeta Narvy por la reunión de la Junta Intergalàctica; no esperan a Cai Cai con su denuncia.
-¡Perfecto!
Finalmente salieron del edificio donde los esperaban Naì Nai y Hizan en una camioneta vieja para no llamar la atención.
-¿Donde vamos?-quiso saber Mu Thai.
-Vamos al planeta Cygnus, alli viven en el señor Euler y la señorita Farina. Podemos escondernos un tiempo-dijo Hela-. Y planificar nuestra siguiente jugada.
-Si no hay opción. Vamos para allá.
Hizan apretó el acelerador y se encamino hacia las Rutas Vitales que los llevaría a su destino en unas doce horas de viaje.
Naì Nai le entrego a Hela sus protectores y algo de comida. La niña uso la parte trasera del vehículo como cambiador reemplazando sus ropas de hospital por sus protectores de la Armada del Aire.
Encontrarse lejos de Rea 36 les daba menos chances de ser descubiertos ya que la lógica seria que los prófugos se escondieran en un sitio no muy lejano para poder reponerse y pensar sus movimientos para luego marcharse a un lugar mucho màs apartado.
Lo único que le preocupaba a Hela era que sus amigos ya no vivieran en la pequeña choza.
Las doce horas pasaron volando sin contratiempos ya que Naì Nai les iba informando de todos los acontecimientos que estaban ocurriendo en el laboratorio.
Sus nuevos aliados tenían la orden de avisar su fuga en tres dias, mientras que Cai Cai debía dar su discurso el ultimo dia de la reunión. Eso les daba tiempo para rescatar al mayor numero de prosarias posibles.
Hela les indico que era mejor abandonar el vehículo antes de cruzar la frontera y hacer todo el trayecto a pie. El resto estuvo de acuerdo.
Luego de hora y media de caminata llegaron a la cabaña, que continuaba con el mismo aspecto de años atrás.
-¿Hela?-nombro una voz femenina a sus espaldas.
-¡Señorita Farina!-exclamo la pequeña a la vez que corria a los brazos de su amiga.
-¿Que haces aqui? Creí que habías escapado.
-Es una larga historia, ¿podemos pasar?
-Por supuesto. Euler fue al pueblo por unos vivieres.
Antes de ingresar, los acompañantes de Hela se presentaron y agradecieron la hospitalidad. Farina les ofrecio bañarse primero mientras ellas preparaba el almuerzo.
A la alien le gustaba recibir visitas o ayudar a sus conocidos que nos eran muchos.
Euler ingreso en el comento que Hela ayudaba a Farina a poner la mesa.
-¿Hela?-pregunto sorprendido.
-¡Señor Euler!
Hela abrio sus ojos como platos al ver a una niña de la mano de Euler.
Después de comer, todos se reunieron al rededor de la mesa mientras la niña jugaba en un rincon.