Experimento "Muerte"

Acto ocho. Mi historia. Recuerdos que vuelven. La verdad.

La memoria tiene verdad dentro. En mi interior

existía mi otro yo.

 

 

Tres años antes…..

  • ¡¡Bueno!!.. es hora de irme – Dije, saludando –Luego nos vemos.
  • Suerte en tu día Octavio

Como era de costumbre podría haber tenido un día como lo fueron todos. El cielo se estaba nublando más de la cuenta. Podía observar una oscuridad en el techo del mundo.

  • ¿lloverá?

Las primeras gotas comenzaron hacer su aparición. Era una garua liviana en pleno otoño. Me adentré por el parque desolado ya que había perdido uno de los ómnibus que me llevan a la escuela. El viento soplaba en los alrededores de la zona en una mañana temprana

  • Debo apurar mi marcha, antes que sea tarde. No quiero llegar empapado.

Solo debía cruzar el parque e ir a la otra parada de otro ómnibus. La garua se intensificaba cada vez más. Avisté un hombre con un sobretodo. Aquel estaba sentado en una banca al lado de un árbol. No creo que fuera mi imaginación. Pero su morfología estaba fuera de lo normal. Tenía manos extensas y una mirada con ojos de matiz rojizo. Nunca antes vistos. Ante la distracción del ambiente por primera vez sentí al acercarme por el camino que linda con el final de la plaza el hedor de un cuerpo en descomposición. El hombre me miró un tanto serio y luego sonrió, justo cuando pase cerca de él en mí andar ligero

  • ¿Es un día genial, no?
  • ¡Perdón!
  • ¡Qué es un día genial!

Al mirarlo, sus ojos se acercaron a los míos. Era penetrantes. Y en mi interior percibí un extraño dolor de pecho como si mi corazón se estuviera apagando. La respiración se agotaba y comencé a toser. El hombre se rió y no dijo más nada.

Me fui de allí inmediatamente. La toz cesó, como también la estabilidad de mi cuerpo. El corazón volvía a latir.

  • Corderos nunca sobran. Experimentos tampoco

Crucé el final de la plaza y en ese instante las voces aparecieron en mi mente al cruzar unas personas que estaban en la final del ómnibus. En el transporte todo estaba tranquilo. La lluvia ya había comenzado. Al descender, me di prisa para no empaparme. De alguna manera me sentía un ser foráneo.

  • ¡¡Ey!!..¡llegas tarde! – Expresó Alan. Un viejo compañero de clase.
  • Si, es que me retrasé con el ómnibus. Es por la lluvia
  • Eres un tonto ¡¡Je!! ..¡je!! – Dijo una voz en mi interior
  • ¿Dios que fue eso? Pronto en un parpadeo, Alan, no parecía Alan. Ese que conozco. Era otro. Eso me llamó la atención. Me perdí entonces en mi mente.
  • ¿Octavio? - ¡¡Octavio!!
  • ¡Alan!
  • ¿Te encuentras bien? Te noto perdido.
  • ¡¡Oh!!... ¡Estemm!!
  • ¡Viejo!..No pareces el mismo.
  • Es que vengo con el apuro de llegar temprano. ¡¡Ya sabes!! ¡¡Ja!! ¡Ja!
  • ¡¡Qué raro eres!! Vayamos entrando.
  • Si, será mejor…

Al ingresar por la puerta de siempre, pasamos por el aula de segundo, allí salía una chica que iba al baño. Me le quedé mirando.

  • ¡¡Oh parece amor a primera vista!! – Expresó Alan.
  • Deja de decir idioteces. – Le dije. Su cabello corto y sus ojos que brillaban. Me regaló una ligera sonrisa y continuó su rumbo y nosotros el nuestro.
  • ¡Vamos querrás hacerlo!
  • ¡¡Si destruye todo!! Ellos son peligrosos
  • Si, desalmados.

Las auras se ennegrecieron. Es como si todo el alrededor se observase como una tumba. A través de las voces podía ver lo que no podemos siquiera imaginar.

Al entrar al aula tuve un mareo y me desvanecí cayendo al suelo. Ese fue el comienzo de todo lo que vendría.

Desperté en la enfermería….para luego llevarme a mi hogar.

Las voces iban y venían con el pasar del tiempo. Eso me lo guardé hasta el día de la terraza.

 

 

……la campana del recreo…sonó….Y….Era hora de salir de allí. Llevé mi almuerzo y me dirigí a la terraza para tener un momento de tranquilidad. A eso le llamo olvidarme de las voces que se iban desarrollando en mis oídos al cruzar a las personas. Hubiera sido un momento tranquilo. Solo escuché unos ruidos que me causaron un despiste.

  • ¿Habrá alguien más? – Me pregunté

Me incorporé de donde estaba sentado y fui al corredor del tanque. Allí había una niña que tendría mi edad. Estaba en la misma situación. Buscaba un poco de paz. Ella me miró, pero no dijo nada hasta que suspiró.

  • ¿Estás en la misma posición no?
  • ¿Eh? – No le entendí.
  • ¡Descuida! Aquí solo vienen los que quieren escapar de la realidad de las clases. – Sonrió
  • ¡Soy Octavio!
  • ¡Mei!, Para servirte.

Así en mi primera vida antes de perderme conocí a Mei. Mei Inosanto. Platicamos sobre muchos temas. Sus ojos eran de un matiz verde y su mirada fugaz con una piel suave. Le gustaban los vestidos. Nos dimos muchos momentos y fue que le narré como un libro sobre mi secreto de las voces. Ella no me refirió nada al respecto y me aceptó así desdeñado. Ella me comentó de un accidente y su ojo de vidrio.

El compartir cada día y etapa fue para mí como un milagro. Eso que suceden sin querer al dar vuelta una esquina y encontrarlo. Un día peculiar como todos se lo hice saber.

  • ¿Sería bueno hacer un viaje, juntos no?
  • ¿un viaje? – pregunté
  • Si. Ir algún lugar fuera de la ciudad
  • Podría ser en las vacaciones…¡¡Je!!..
  • Quisiera ir a las montañas. Allí hay una soledad que solo se disfruta con cada letra de esa palabra.
  • Es muy poético – Le expresé y me acerqué a ella. Ambos estábamos en una misma sintonía.
  • Quisiera que fuera eterno – Le dije
  • ¿Qué cosa?
  • Éste momento
  • ¡Je! ¡je! Es solo un instante.
  • Sí, pero es agradable….. – Comenté. Ella me miró – ¡¡Contigo!!
  • ¿Eh?... – Se sonrojó --..¿?..
  • ¡¡Perdón!!..- Dije avergonzado - ¡Estemm!...yo…-




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