Experimento Rojo peligro (placeres caníbales 1)

Orbes carmín

ORBES CARMÍN

*.*.*

¿Alguna vez sintieron que un momento de su vida fue sacado de una película de terror?

Pues, la escena frente a mí era mi momento.

Mi cuerpo estaba comprimido ante los incesantes golpes de la monstruosidad del otro lado de la puerta. Las paredes vibraron, el sonido metálico comenzó a aturdirme, marearme. Traté de no respingar con las siguientes sacudidas, la verdad era que ni un solo segundo de los minutos que llevábamos observándolo, podía acostumbrarme a su asqueroso rostro.

—Romperá la puerta—musité entenebrecida.

—No la romperá— Estaba segura que de lo otro que no me acostumbraría, me sería a su voz. El tono final de su voz era casi como escuchar una hoguera crepitar. Imposible de olvidar.

El noveno dio más pasos a la puerta, sorprendiéndome. Por instinto, o tal vez por temor, lo detuve tomándolo del brazo, deteniéndolo de golpe.

—Espera, ¿qué harás?

Su rostro quedó clavado en mis dedos, y no hubo respuesta a mi pregunta, solo permaneció así, con una leve tensión en su cuerpo. Lo solté de inmediato sintiendo esa extraña advertencia en los nervios mi cuerpo, esa diminuta pero notable sensación escalofriante que se clavó en mi espina dorsal a causa de su movimiento rápido cuando lo rodeé del brazo con mis manos.

Nadie movía con esa velocidad su cabeza.

Tan solo dejé de rozar su piel, y su cabeza se estiró a esa misma velocidad que me dejó estremecida. Peor aún que tuve que pestañear cuando elevó la comisura izquierda de sus labios mostrando un poco de sus colmillos. No supe si era más una mueca o una queja cuando inclinó su cuerpo un poco hacía adelante y llevó su mano a la parte baja de su estómago. Su cuerpo comenzó a temblar y en ese instante en que estaba a una pulgada de tocarlo, se contrajo con fuerza y abrió tanto su boca que pensé que su quijada se rompería.  

El gruñido de dolor que soltó, erizó mi piel, escupió sangre, gran cantidad de sangre embarrando el suelo bajo sus pies, y se dejó caer de rodillas deteniendo su cuerpo con el peso de sus brazos. Rápidamente, cuando vi como sus antebrazos amenazaban con doblarse, corrí a su lado, doblándome para rodearlo.

La mitad de su cuerpo se dejó recargar en mi costado derecho, su cabeza ni siquiera tardó en recostarse sobre mi hombro. Inquietándome con una rigidez dura. Teniéndolo así, pude escuchar como su garganta hizo un extraño ruido, rasgado y ahogado. Estaba respirando con fuerza y dolor.

—Respira lento— pedí, más asustada que antes. No comprendía que le estaba pasando, y quería saberlo. Solo no quería que se desmayara con una monstruosidad del otro lado de la puerta—. Por la nariz aspira y exhalar por la boca.

Sin saber qué hacer y cómo mantenerme en equilibrio por su gran peso, miré una vez más al monstruo. Sus ojos oscurecidos brillaban con malévola diversión hacía él. Incluso desde ahí fuera, parecía que estaba sonriendo, pero solo era la forma en la que sus pómulos rotos se fruncían hacia las mejillas.

Era horripilante.

Desvié la mirada de nuevo al Noveno, estaba mucho más tranquilo.  Pero por la forma en que se recostaba sobre mí, parecía haberse dormido.

—Ey... — lo llamé.

La única respuesta que tuve...

Fue el monstruo volviendo a golpear la ventanilla. Oh Dios. Si seguía golpeando con esa desesperación y con esa rotunda fuerza, la puerta metálica terminaría cayéndose con pedazos de las paredes. Eso era seguro.

Mi corazón respingó en mi pecho cuando abrió tanto los labios a través de esos colmillos que pude ver una segunda lengua larga y delgada.

—Alerta intruso. Alerta intruso. ExNe 05 en la número 13. Computador 13 para solicitar acceso o bloqueo parcial.

Giré de inmediato a las computadoras repitiendo las palabras de la voz computarizada.

Bloqueo...

¿La puerta tenía que ser bloqueada, así el monstruo no entraría?  Mordí mi labio, quería gritar con histeria, pero me rehusé a solo un ahogado gruñido. Me empujé con mis rodillas para levantarnos una vez rodeado su torso por debajo de los brazos, no conseguí nada sin su ayuda.

—Vamos levántate—ordené. Volví a empujarnos y me pregunté por qué pesaba como si fuera plomo. Podía moverlo, pero solo unos centímetros, y tal vez podía arrastrarlo, pero con lo débil que sentía aún mi cuerpo, sería imposible—. Arriba. Levántate ya—insistí.

—Alerta intruso. Alerta intruso. ExNe 05 en la número 13. Computador 13 para solicitar acceso o bloqueo parcial.

No me quedé tranquila sino hasta que palpé sus mejillas y él respondió, moviendo su rostro y entornando el movimiento hacia la puerta.

—Tenemos que movernos—alerté—. A las computadoras, a la 13.

Su brazo desocupado volvió al suelo, se impulsó al igual que yo para ponernos de pie. Nos tambaleamos en cuanto empezamos a caminar regresando al área de las incubadoras. Le pedí que tuviera cuidado con los escalones que bajaríamos. Solo eran dos, pero era una bajada que con el desequilibrado peso de nuestros cuerpos terminarían haciéndonos caer si no teníamos el más mínimo cuidado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.