Experimento Rojo peligro (placeres caníbales 1)

Los monstruos están saliendo

LOS MONSTRUOS ESTÁN SALIENDO

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Era imposible dejar de ver al rededor, examinar el interior del bunker una vez que nos adentramos y empezamos a seguir al hombre canoso, cuyo nombre era Jerry: un nombre pequeño para alguien que tenía la apariencia de un ex general duro y malo, en fin.

El lugar era mucho más espacioso que el bunker en el que estábamos antes, grande y enorme, con más pasillos de los que pudiera contar, y más habitaciones de las que imaginar. Incluso el techo era mucho más alto.

Y por las muchas personas que se hallaban caminando entre los pasillos cuyas paredes blancas se hallaban manchada, y el sonido de las voces tanto de niños como de adultos llenando los corredizos, imaginé que los sobrevivientes debían ser un gran número. Aunque nada comparable con la perdida y los infectados.

Sacudí esos pensamientos y me concentré en unos largos tubos de metal resistentes que se encontraban clavados desde el suelo, alargándose hasta el techo donde también se clavaban a un enorme trozo de metal que ocultaba la ventilación. Solo ver esos tubos formando un triángulo desde el suelo al techo, me hizo pensar que a ellos les había sucedido lo mismo que a nosotros. Debía de ser, si no, ¿por qué otra razón estaría cubiertas las ventilaciones? No había otra más que esa. Experimentos que también entraron por las ventilaciones en busca de carne humana. Me pregunté cuántas personas habían sido atacadas.

Pensar en ello, en lo que probablemente sucedió aquí, era terrible.

—Los tubos de las ventilaciones...

—Algo que también les sucedió a ustedes por lo visto—interrumpió Jerry, antes de que Adam terminara su comentario—. Aunque ya arreglamos ese problema, los malditos monstruos están intentando salir a la superficie, las ventilaciones o el drenaje eran su objetivo, así que seguramente ya habrá salido uno que otro.

Me tambaleé, instantáneamente mis gelatinosas piernas dejaron de moverse, se me clavaron los pies al suelo, sintiendo como un escalofrió subió desde la planta de los pies hasta todo mi cuerpo, rasgando de horror mis nervios. Lo primero que pensé fue un rotundo no en el que mi cabeza negó en movimientos.

No, no, no... Eso no podía ser verdad, no podía suceder, ¿cierto? Estaba mintiendo... ¿O escuché mal?

Levanté la mirada del suelo, donde la había dejado clavada del shock, y vi que no fui a la única a la que le afectó sus palabras, Rossi y Adam habían dejado de caminar también, haciendo que el silencio de sus pasos lo detuvieran a Jerry también y se girara para que, al vernos, estirara media sonrisa, como si nuestras reacciones le divirtieran.

— ¿Están intentando salir de aquí? — Yo también quería saberlo. No. Tenía que saberlo.

—Intentando no, lo están haciendo— replicó y solo me dejó más perturbada.

— ¿Cómo sabes eso? —aventé de mi boca la pregunta con rapidez, con esa misma sorpresa—. ¿Cómo sabes que están saliendo? ¿Lo han visto?

Entornó la mirada en mi dirección, dio un repaso de toda mi estructura y arqueó la ceja, finalmente cuando llegó a mi rostro. No entendí por qué me miraba el cuerpo entero, si ya antes lo había hecho.

—La única salida es el comedor— esta vez fue Adam quien se apresuró a hablar cuando Jerry no dijo nada por unos segundos —. No se puede salir de otra forma.

No sabía con exactitud si lo que decía Adam era cierto, porque no recordaba nada, pero esperaba que tuviera razón. Entonces me sentiría más tranquila, pero no fue así, no cuando él ladeó su rostro y marcó esa perturbadora sonrisa torcida, alzando más sus arrugas.

—No estés tan seguro—escupió, sus palabras me estremecieron los huesos, secaron mi garganta. ¿Qué quería decir con eso?, ¿había otra salida a parte de los elevadores? —. Hasta hace poco existía la salida por la oficina del director y creador de este laboratorio, Chenovy.

«Pero explotó y ocultó todo bajo un derrumbe y una inundación, aun así, existe una puerta que lleva a la superficie y cualquier monstruosidad es capaz de llegar a ella con el tipo de garras que tienen. Pero eso no es lo mejor. Están haciendo agujeros en los techos... Hay cientos de ellos, sobre todo en los túneles donde el techo no está brindado de acero, seguramente también han intentado salir por la escalerilla de los ascensores.»

No, no, no. No podía estar pasando eso. ¿En verdad estaban saliendo? ¿O algún monstruo ya logró salir? Pero nunca vi un agujero... Sin embargo, siempre me pregunté por qué los experimentos empezaron a salir de las ventilaciones. ¿Era por qué buscaban una salida del laboratorio?

Se me heló la sangre con el simple pensamiento. Si salían de aquí todos esos monstruos, ¿qué sucedería entonces? ¿Qué pasaría en el exterior?

Se volvería un caos. La respuesta llegó a mí en forma de púas escañándose en mi cráneo llenándolo de dolor. Si los experimentos contaminaban a otros, nada terminaría. Sería el infierno otra vez... O peor.

Mucho peor...

Sus caras son una mierda entera— Su comentario no tuvo nada de gracia.

—Debe ser imposible, los agujeros tal vez sean...— Adam ni siquiera pudo terminar sus palabras, cuando fue interrumpido por el hombre.

—Ya tuve suficiente de explicaciones absurdas— Y comenzó a caminar, apartarse más de nosotros, obligándonos a seguirle por detrás, para escuchar el resto de sus palabras—. Sino fuera porque nos encontramos a esos animales escarbando su agujero, también me verían explicando que topos gigantes hicieron de nuestro techo, su hogar.

En esa situación tan delicada, ¿se ponía a hacer bromas? Deteste que tuviera el valor de soltar palabras con sarcasmo. Cualquiera en su lugar estaría igual de sobresaltado como nosotros, entenebrecidos de saber que esas criaturas aterradoras estaban —sino es que ya— saliendo del laboratorio.




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