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Capítulo [2]

Tras unos minutos con Noni, se despidieron de él y se dirigieron a la siguiente habitación. Dentro, encontraron a Jaiden, una niña de casi nueve años, con unas alas de un hermoso morado oscuro y azul. Estaba concentrada dibujando en una hoja de papel cuando notó la llegada de Zorman.

¡Regresaste! ¡Mira lo que dibujé para ti! —exclamó Jaiden, radiante.

—A mí también me alegra verte, Jaiden. Es un dibujo precioso —respondió Zorman. La niña lo abrazó y luego reparó en Luzu y Tanizen.

—¿Quiénes son ellos? No son malos, ¿verdad?

—No son malos. Serán tan buenos contigo como yo lo he sido —aseguró Zorman.

Jaiden los observó por unos segundos, aún con cautela.

—¿Cuáles son sus nombres?

—Me llamo Luzu.

—Yo me llamo Tanizen.

—Em... Zorman, ¿tú confías en ellos?

—Por supuesto que sí.

—Okey. Si tú confías en ellos, yo también confío.

Tanizen (Pensamiento): Con Jaiden es mucho más rápido obtener su confianza que con Noni.

—¡Oh, ya sé! Les haré un dibujo a cada uno. Esperen un momento.

Tras unos minutos, Jaiden dibujó dos flores diferentes: una roja y otra morada. Al terminar, puso sus manos sobre los trazos y, con su habilidad única, las flores dibujadas salieron del papel y se materializaron en la realidad.

—Tomen. Las hice del color de sus ojos. Esto es una muestra de que confío en ustedes.

—¡Oh, gracias! Es una flor muy bonita —dijo Luzu.

—Sí, es preciosa —añadió Tanizen.

—¡Muchas gracias!

Después de unos minutos de conversación, se despidieron de Jaiden y entraron en otra habitación. Allí estaba Carre, un niño híbrido de paloma de diez años, con alas de un blanco inmaculado. Estaba recostado en su cama, leyendo un libro, hasta que notó a Zorman.

—Hola, Carre —saludó Zorman. El niño lo miró por un segundo y volvió a la lectura.

—Estoy bien... solo me sacaron sangre. Por cierto, ¿quiénes son ellos? —dijo sin levantar la vista—. Sabes qué, no me importa. Seguro son científicos nuevos que no quieren seguir tus pasos.

—Pues es todo lo contrario: sí quieren seguir mis pasos. Ellos son buenos —dijo Zorman.

Carre dejó de leer, apartó el libro y bajó de la cama. Caminó directo hacia Luzu y Tanizen, mirándolos fijamente con un rostro que no confiaba en nadie más que en Zorman.

—¿Cuáles son sus nombres? —dijo con una seriedad intimidante, sin dejar de mirarlos a los ojos.

Luzu y Tanizen dijeron sus nombres con un ligero temblor, bajo la intensidad de la mirada de Carre.

—Okey. Les diré una cosa: no traicionen a Zorman. Si alguno de nosotros se entera de que lo hicieron, les haremos la vida imposible.

—Advertencia recibida —respondió Tanizen, asintiendo.

—Bueno, seguro nos veremos otro día. ¿Esas flores que tienen las hizo Jaiden?

—Sí. Por cierto, ¿cómo la conoces? Según lo que habíamos escuchado, ustedes no podían verse —preguntó Luzu.

—Eh... yo no sé qué decirte...

—¿Recuerdan que les dije que en este piso están los niños que son amables y no causan problemas? —intervino Zorman.

—Sí...

—Pues aquí, ellos pueden estar fuera de sus habitaciones por unas horas y hablar con los demás niños.

—Okey, ya entendí —dijo Luzu.

Después de hablar un rato con Carre y visitar el resto de las habitaciones de ese piso, ingresaron al ascensor para bajar al nivel de los experimentos problemáticos.

—Cuando entremos a las habitaciones de este piso, no se dejen ver hasta que yo los presente —advirtió Zorman—. Algunos de ellos pueden ser muy agresivos cuando ven a alguien que no soy yo. Saben que yo no les hago daño; casi soy como el padre de todos ellos.

Apenas se abrieron las puertas del ascensor, por poco son alcanzados por un hacha de energía naranja y amarilla. Era Nova, que estaba gritándole a un científico.

¡Nova! ¿Qué estás haciendo? —gritó Zorman. El niño se percató de su presencia.

—¡¿No ves que me está atacando?! ¡Controla a tus mascotas o niños, como les digas! —chilló el Científico 256.

—No... yo no soy una mascota... —espetó Nova.

—¡A mí qué me importa lo que pienses, maldito experimento!

—¡No me llames así! ¡Dime de una vez dónde está Emi!

—¡Nova! Tranquilízate... no obtendrás ninguna respuesta si no te calmas —dijo Zorman, acercándose—. Por favor... sabes que esa no es la manera.

—Sí, pero... no quiero... que le pase algo a Emi... Se la llevaron a la fuerza —dijo Nova, con lágrimas rodando. Tenía trece años y Emi diez, por lo que su preocupación era genuina.

En ese momento, el científico sacó un dispositivo que controlaba el collar eléctrico de los experimentos y lo presionó.

—Me... duele... duele mucho —murmuró Nova. Zorman se giró furioso.

¡¿Qué te pasa?! ¡¿Por qué activaste su collar?!

—Porque así se debe controlar a los experimentos rebeldes como él...

De repente, una figura invisible apareció: Fallo le quitó el aparato al científico de las manos y se hizo visible.

No permitiré que le hagas daño a Nova —dijo, presionando el aparato para detener la descarga.

—¡Maldito niño raro! —El Científico 256 le dio una patada a Fallo, que cayó al suelo.

Al ver esto, Luzu y Tanizen actuaron de inmediato. Luzu agarró al científico y Tanizen corrió a ayudar a Fallo.

—¿A ustedes qué les pasa? ¿Acaso están del lado de Zorman?

—¿Qué tiene de malo que estemos de su lado? ¿Acaso ayudar a niños está mal? —replicó Luzu.

—¡Suéltame de una vez!

—Promete no oprimir de nuevo ese aparato y te suelto.

—Está bien... no lo presionaré. ¡Ya suéltame! —Luzu lo soltó. El científico se dirigió al ascensor con desprecio—. Ustedes están mal de la cabeza al tratar con cariño a estos experimentos.




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